ver más
Las promesas de los gobiernos frenteamplistas de mejorar la educación pública recuerdan el cuento del pastorcillo cuyos falsos anuncios de la llegada del lobo hicieron que sus vecinos terminaran por no creerle. La instancia más o menos comparable más reciente ha sido la afirmación del presidente Tabaré Vázquez de que en 2018 la educación será la máxima prioridad de su administración. Los precedentes justifican dudas sobre los resultados. En su primer gobierno Vázquez introdujo una defectuosa ley de educación, cuestionada hasta hoy por académicos y docentes. Su sucesor José Mujica prometió enfáticamente reformar la enseñanza estatal pero todo quedó en agua de borrajas cuando le pusieron la proa los sindicatos docentes y la inefectiva ANEP, que preside el perdurable Wilson Netto.

Al asumir su segunda presidencia, Vázquez reiteró el compromiso reformista. Puso, junto a la ministra María Julia Muñoz, a dos técnicos competentes con el encargo de implementar profundas reformas sensatas a través de un ADN de la enseñanza pública, incluyendo unificar los ciclos primario y secundario para evitar el salto de un nivel a otro de estudiantes mal preparados, que quedaban por el camino en deserciones masivas. Pero todo quedó en la nada. Ambos desaparecieron junto con los planes presidenciales de reforma, bajo el peso de los mismos rechazos que había enfrentado Mujica.

Vázquez le aseguró ahora a Búsqueda que su tema más importante en el nuevo año "va a ser la educación". Dijo que se van a "seguir profundizando" las acciones que tiene en marcha su administración. No son muchas. Además de su exitosa iniciativa del Plan Ceibal, se han logrado algunos avances en educación infantil. Pero nada dijo de revivir las reformas que había encarado al comienzo de su período. Incluían tanto la unificación de ciclos como la concesión de autonomía educativa y financiera a los centros de estudios y mejora de los programas, para formar mejor a los jóvenes y no seguir haciendo papelones en las pruebas internacionales PISA. Vázquez reiteró también su propósito de que para 2020 la totalidad de los jóvenes de hasta 17 años estén en el sistema educativo y el 75% complete secundaria. Como se trata del sector más fracturado del sistema público, con altos niveles de deserción y repetición, la meta presidencial es, por ahora, más que incierta.

Para que Vázquez cumpla lo que acaba de anunciar, y que no vuelva a quedar en la mera enunciación de buenas intenciones, será necesario que imponga una autoridad que hasta ahora ha flaqueado desde que el Frente Amplio llegó al poder, cuando heredó un sistema ya debilitado por una politización de tono ideológico que tomaba precedencia sobre la adecuada formación de niños y adolescentes. Sería una bienvenida sorpresa que el nuevo año sea escenario de las reformas que el sistema educativo estatal, aunque no quienes la dirigen, reclama a gritos. Pero lo pone en duda el mismo descreimiento que generó el pastor cuando afirmaba una y otra vez que llegaba un lobo que nunca aparecía. ¿Acertará esta vez el pastor en su anuncio?
Temas:

Educación Vázquez ANEP

Seguí leyendo