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Luego de un año de sobresaltos en materia inflacionaria, el ritmo de aumento de los precios cerró el año por debajo del dato de 2013. Si bien ingresar en el rango meta todavía es una aspiración de largo plazo, la inflación abandonó la zona de peligro, luego de amenazar en la primera mitad del año con cruzar la temida barrera de los dos dígitos. Los analistas destacan como positiva no solo la lenta pero sostenida tendencia al enfriamiento durante el último año, sino, además, que haya sido el componente de la canasta de bienes y servicios más reacio a la moderación el que más cedió en ese período.

Una política monetaria decididamente contractiva y el sacrificio de las cuentas públicas a través de una rebaja y postergación de ajustes de tarifas en la primera mitad del año –principalmente en energía eléctrica–, contribuyeron a la moderación de las presiones inflacionarias.

La baja de 0,53% en los precios al consumo en el transcurso de diciembre permitió que el registro anual de inflación cerrara 2014 en 8,26%, según los datos difundidos ayer por el Instituto Nacional de Estadística (INE). La baja del último mes se explicó por el ya tradicional descuento que aplica UTE en el recibo de diciembre. Este año, la bonificación de la iniciativa denominada UTE Premia fue, en promedio, de 21,9%.

Una reducción paulatina

A pesar de que en la primera mitad del año los precios al consumo mantenían un ritmo de aumento mayor al de igual período de 2013, el año cerró de otra manera. Durante todo 2013, los precios al consumo habían subido a una tasa de 8,52%. “Vimos una reducción paulatina de la inflación a lo largo del año”, dijo a El Observador la economista Mercedes Comas, de la consultora PwC. “Sin duda, eso lo evaluamos como un hecho positivo”, señaló.

El enfriamiento del último año, sin embargo, no fue suficiente para encauzar la inflación dentro del rango objetivo trazado por las autoridades, de entre 3% y 7%. De esa manera, la suba de precios cerró un cuarto año consecutivo fuera de la meta oficial.

Según los cálculos de la Unidad de Análisis Económico de El Observador, fue el componente tendencial de la canasta de consumo –aquel cuyo ritmo de aumento de los precios es más persistente en el tiempo y, por lo tanto, el que permite trazar una tendencia de más largo plazo en el análisis– el que explicó en mayor medida la desaceleración inflacionaria.

Ese componente tendencial o subyacente se encareció a una tasa de 8,7% durante el último año. Si bien se trata de un incremento mayor a la inflación en su conjunto, se encuentra muy por debajo del 9,4% registrado en 2013 y del 10,2% que mantuvo durante su pico de febrero.

Los datos resultan similares a los calculados por el instituto Cinve. En un comunicado divulgado ayer, los expertos del centro de investigación explican que “este componente de la inflación es un buen indicador de las presiones inflacionarias estructurales de la economía y, por tanto, que este componente continúe su proceso de franca moderación es sumamente positivo”.

Dentro de ese componente tendencial, fueron los precios que se originan únicamente en el mercado doméstico –bienes y servicios que no se exportan ni importan– los que cedieron en el año, aunque todavía mantienen una tasa de crecimiento de 9,2%.

Según Comas, “los rubros de mayor aumento se mantienen en algunos servicios como la educación, restaurantes y hoteles. Ahí claramente hay un componente salarial, ya que son actividades intensivas en mano de obra en las que pesan los salarios”.

Durante el último año, tres rubros mostraron un aumento de precios de dos dígitos. La educación se encareció 14,3%, alimentos y bebidas subieron 11,2% y restaurantes y hoteles aumentaron de precio 11%.

En el otro extremo se encuentran las tarifas públicas. El indicador realizado por la Unidad de Análisis Económico de El Observador, que releva los precios de los servicios públicos, mostró un aumento de apenas 0,8% a lo largo del año. Según dijo Ignacio Munyo, director del Centro de Economía, Sociedad y Empresa de IEEM Business School (Universidad de Montevideo), el manejo de las tarifas públicas para moderar el alza del Índice de Precios al Consumo (IPC) fue el “factor común” durante el último año.

“Esto no es sostenible en el tiempo, porque las empresas públicas llega un momento que no van a poder seguir bajando las tarifas”, señaló. En ese sentido, la baja de los precios del petróleo durante la segunda mitad del año le permitió a ANCAP aliviar una difícil situación fiscal, en parte generada por una política deliberada que buscaba ponerle paños fríos a los precios.

Un 2015 menos agitado

Los analistas consultados por El Observador coinciden en que la tendencia a la moderación inflacionaria que comenzó en la segunda mitad de 2014 tendrá continuidad este año.

Para Mercedes Comas, esa moderación inflacionaria se dará “de forma muy gradual, muy lenta”. Entre las razones de ese enfriamiento se encuentra la menor tasa de crecimiento de la economía local, acompañada de un menor dinamismo del consumo.

“Lo que nos están comentando nuestros clientes es que están teniendo mayores dificultades para trasladar la suba de costos a precios y esto es porque la demanda no tiene el mismo dinamismo que tenía hace dos o tres años”, aseguró. PwC prevé una inflación de 7,8% para 2015.

Para Munyo, una vez finalizado el año electoral, otro elemento que pesa en esa moderación es el crecimiento del gasto público.

“Es esperable una mayor consistencia entre las políticas fiscal y monetaria, y con ello una disminución de las presiones a la inflación subyacente”, explicó el experto. “Esto, con la ayuda de mantener una reducida inflación de precios administrados –viable gracias a factores externos, como los bajos valores del petróleo–, puede hacer que la inflación anual a fin de año descienda a 6,9%” y, de ese modo, consiga ingresar en el rango objetivo.

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