ver más

Cuando el año pasado la Comedia Nacional hizo la esperada La visita, de Friedrich Dürrenmatt, con dirección de Sergio Renán, todo anticipaba un gran espectáculo. Sin embargo, la obra que contaba con unos 30 artistas en escena y un gran trabajo técnico, resultó poco atractiva por varios motivos, pero uno de ellos fue la recurrente simplicidad del texto. Quizá por ello es que La visita solo recibió una nominación a Mejor vestuario para la infaltable Paula Villalba, mientras que una obra de más intimismo y menor despliegue como El tiempo todo entero fue la que se terminó llevando tres de los principales premios actorales.

Este año la Comedia Nacional volvió a hacer otra apuesta arriesgada con el estreno de Arcadia, de Tom Stoppard, y con la dirección de Jorge Denevi en la Sala Verdi. Se trata de la primera obra del ciclo “cada sábado es un estreno” (ver recuadro).

Pero, al contrario de la obra de Dürrenmatt, Arcadia representa un desafío por la densidad intelectual del autor inglés, creador de un texto que es considerado en su país como una de las obras maestras de la dramaturgia contemporánea.

Arcadia se desarrolla en dos momentos históricos (1809 y 1993) en una casa de campo inglesa, que en la versión local cuenta con una buena escenografía de Alfredo Ghierra, quien actualmente desarrolla la exposición Ghierra intendente en el Centro Cultural de España. La historia del siglo XIX involucra a una adolescente que resulta ser un genio de las matemáticas y la física (impecable Stefanie Neukirch) y su tutor (Diego Arbelo, muy bien también en su rol). La trama de 1993 gira en torno a una escritora (Lucía Sommer), su novio matemático (Pablo Varrailhón) y un profesor de literatura (Mario Ferreira). Ellos investigan qué pasó en esa casa dos siglos atrás, pues el profesor tiene la sospecha de haber descubierto el motivo de por qué Lord Byron abandonó Inglaterra de manera intempestiva.

Más allá de la alternancia entre una y otra época histórica, la obra atraviesa gran cantidad de temas, muchos de los cuales despliegan ventanas de enorme interés, como la mordaz reflexión de Stoppard acerca de la imposibilidad de reconstruir el pasado y de cómo muchas veces el presente va hacia el pasado no con ánimo de descubrir la verdad sino de ajustarlo a sus propios planes. Las implicaciones de la matemática y la biología, y la teoría del caos en la realidad también resultan sugestivos.

Sin embargo, la obra no fluye en la puesta de Denevi, quien en la actualidad dirige además Los elegidos y Miedos privados en lugares públicos. Resulta difícil establecer cuánta responsabilidad de esto tiene la propia obra de Stoppard y cuánta la puesta local.

Es corriente la frase que dice que el que va con muchas expectativas a ver un espectáculo suele salir defraudado y quizá también algo de eso suceda al presenciar la versión uruguaya de Arcadia, que en Inglaterra ganó el Premio Laurence Olivier a la Mejor obra de teatro en 1994. Lo cierto es que no es fácil atravesar sus dos horas de duración sin bostezar y que varias escenas y muchos de los personajes se sienten accesorios (la obra tiene 13 actores, pero solo necesita esencialmente los cinco que fueron nombrados).

Por otro lado, la muy buena interpretación de Juan Antonio Saraví, que con solo salir al escenario suscita risa, parece no encajar con el resto de la puesta de Denevi y recuerda al rol del pretendiente que interpretó en El Misántropo de Molière.

La densidad del texto hace que por momentos uno quiera leerlo más que verlo representado, para no perder el hilo de algunas de las teorías de las que se habla. Habrá espectadores que seguramente se sientan atrapados por la intelectualidad de Arcadia, tan característica del autor. Pero es probable que muchos otros no logren involucrarse, que sientan lejana a la obra o extrañen que la emoción los invada y les permita reflexionar desde un lugar más visceral.

Días

Viernes y sábados a la hora 21 y domingos a las 19 en la Sala Verdi. Precio: $ 110.

Seguí leyendo