ver más

Poco antes del atardecer dos ómnibus de COT, colmados de investigadores y periodistas agropecuarios de diversos países (entre ellos una keniata experta en transferencia de tecnología a productores que generan alimentos en áreas pequeñas) arribaron a la chacra de la familia Zunino, vecina a Los Cerrillos.

Recorrieron el campo –uno de varios predios productivos considerados en seis circuitos del Día de Campo de la II Conferencia mundial sobre investigación e innovación agropecuaria, GCARD 2012– y plantearon interrogantes a los horticultores anfitriones y a los profesionales del INIA.

más Noticias
Varios de ellos consultados por El Observador Agropecuario –mientras fotografiaban parcelas con ajo y cebolla– destacaron una imagen que los cautivó: “los productores salieron a recibirnos de la mano de sus hijitos, siempre estuvieron con sus esposas y dejaron en claro que viven y trabajan en familia, y que están orgullosos de hacerlo”, reflexionó la joven keniata en una mezcla de inglés y español en tanto no cesaba de registrar lo que veía y oía con su tableta de última generación.

Mientras uno de los choferes hábilmente maniobraba para “dar vuelta la trompa” del enorme bus en un camino bien angosto y los visitantes limpiaban el barro de sus calzados (dos días antes allí llovieron 54 mm “de golpe”), los productores eran atosigados con consultas: ¿consumen lo que producen y vuelcan al mercado?, ¿les seduce producir orgánicos?, ¿valoran rotar los cultivos? y ¿reciben una paga razonable para su esfuerzo?, fueron algunos ejemplos.

Pero sobresalió una consulta relacionada con los hijos y con la dificultad apreciada en varios países para que haya un adecuado recambio generacional en las pequeñas empresas de productores de agroalimentos: “nos gustaría que nuestros hijos sigan, pero mejor preparados, accediendo a tecnologías y herramientas de punta”, dijo uno de los horticultores.

La de José y Néstor Zunino es la tercera generación familiar al frente de una chacra de 35 ha. El 80% de lo producido es en el rubro hortícola y el 20% en ganadería de carne, aunque hay alguna lechera para el consumo propio. Trabajan con sus señoras y cada uno tiene dos hijos. Les agrada vivir allí. Venden en el Mercado Modelo o en ferias zapallo, boniato, ajo, cebolla y algo de papa. Producen semilla –certificada– de cebolla y boniato. Envían algún vacuno al frigorífico y hacen rotaciones hortícolas con trigo, alfalfa y pradera buscando cubrir lo máximo posible tierras que admiten “estar muy usadas”, demandando una inversión para recuperarlas que hoy no es sencilla de disponer.

“Recibir a toda esta gente (los participantes del II GCARD) es un orgullo, un reconocimiento para toda la familia y solo mostramos lo que somos y lo que hacemos, esperamos haber ayudado”, dijo Néstor luego que los visitantes se marcharon y antes de reanudar sus labores en la chacra.

José añadió que “hoy hay poco margen para poder invertir, pero apostamos a mejorar tecnológicamente que es algo que nos hace mucha falta; a lo mejor vamos más despacio de lo ideal, hacemos lo que se puede”, y agradeció los progresos en conocimientos que les brindaron profesionales del INIA y de la Facultad de Agronomía.

Uruguay es el país de la región que más invierte en investigación agropecuaria (2% de su Producto Bruto agropecuario) y así lo han reconocido los disertantes del II GCARD. Rachel Kyte, vicepresidenta de Desarrollo Sustentable del Banco Mundial, dijo que un “ejemplo a tomar en cuenta es cómo el gobierno uruguayo regula su sector agropecuario”.
Seguí leyendo