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"No tenemos intenciones de fabricar bombas", dijo varias veces a lo largo de su visita de dos por la isla Haddad Adel, físico de profesión y quien en todo momento destacó los desafíos comunes entre Medio Oriente y América Latina: la política de Washington y sus apetencias "imperiales".

Según el dirigente, cuando en Cuba, Venezuela o Bolivia "surge un gobierno popular" que no "obedece" a los dictámenes de Washington se busca eliminarlos acusándolos de violar los derechos humanos, no ser democráticos o de pretender usar militarmente la energía nuclear como en el caso iraní.

El iraní se entrevistó hasta ahora con el canciller Felipe Pérez Roque, el vicepresidente Carlos Lage y su homólogo cubano, Ricardo Alarcón.

Más lejos fue el presidente Fidel Castro hace algunas semanas cuando expresó su preocupación por la actitud de las potencias con relación a Irán y las acusó de tener un doble discurso, pues ellas mismas sí usan la energía nuclear para fabricar armas.

El gobierno de la isla mostró su claro partido a favor de Teherán siguiendo los pasos de Venezuela, a donde Haddad Adel fue también esta semana y firmó un documento de condena a las armas nucleares pero en defensa del uso pacífico del átomo.

A principios de febrero, la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) consignó a Irán ante el Consejo de Seguridad de la ONU e instó al gobierno de ese país a suspender el enriquecimiento de uranio. Teherán rechazó la demanda.

Paralelamente, la delegación iraní tiene planeado viajar a Brasil y Uruguay, dijo Hojat Soltani, vocero de la embajada Teherán en Caracas.

En América Latina sólo Argentina, Brasil y México usan energía atómica y con fines civiles.

(AP)

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