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El nuevo primer ministro de Italia, Enrico Letta, recibió este miércoles el respaldo francés a sus llamados para impulsar el crecimiento económico junto con el rigor presupuestario.

Pero los problemas surgieron en su país con los socios de la coalición demandando una reducción de impuestos que podría generar un agujero en el presupuesto.

Letta, quien llevó su mensaje a Berlín el martes, se reunió con el presidente francés François Hollande y dijo que estaba “100% satisfecho” con la reunión y la respuesta del mandatario galo a sus pedidos para que Europa comience a enfocarse en el crecimiento así como en la consolidación.

Hollande dijo después de la reunión que “Europa tiene que hacer lo máximo que pueda por el crecimiento”.

La canciller alemana, Angela Merkel, adoptó un tono conciliador en Berlín pero no dio señales de que quiera cambiar el duro enfoque de su gobierno sobre los países endeudados del sur de Europa, insistiendo en que no había contradicción entre el crecimiento y la consolidación fiscal.

Letta se ha contenido de llamar públicamente a una relajación de las metas de déficit que Italia ha prometido cumplir este año, aunque varios ministros y políticos destacados, incluyendo su socio en la coalición Silvio Berlusconi, están presionándolo para hacerlo.

“La opción de nuestro gobierno es mantener los compromisos que tenemos con la Unión Europea y, dentro de esos compromisos, tomar las opciones que pensamos que se necesitan para que nuestro país tenga más espacio para el crecimiento e impuestos más bajos”, dijo Letta después de la reunión con Hollande.

Letta dijo que no discutirá medidas impositivas concretas con el presidente de la Comisión Europea, Jose Manuel Barroso, hasta que el gobierno haya tenido más discusiones con el Parlamento.

Medida impopular

Sin embargo, la brecha entre su retórica anti austeridad y las duras opciones que su coalición potencialmente inestable enfrenta ya han aparecido en una batalla sobre un impuesto inmobiliario introducido por el ex primer ministro Mario Monti.

El impuesto, una de las medidas más impopulares tomadas por Monti el año pasado para calmar el pánico de los mercados sobre la gigante deuda pública de Roma, se ha convertido en un símbolo de lo que muchos italianos ven como la austeridad impuesta por Bruselas luego de la caída del último gobierno de Berlusconi en 2011.

Berlusconi, quien podría derribar la coalición de Letta conformada por los principales partidos de centroizquierda y centroderecha, repitió el martes que abolir el impuesto y volver a pagar las contribuciones pagadas en el 2012 eran una condición para su apoyo.

“No pienso que los partidos políticos puedan pedir que la aritmética sea diferente a lo que aprendimos en el colegio”, dijo Flavio Zanonato, ministro de Industria de Letta, al periódico Corriere della Sera.

“Dos más dos no da ocho y si abolimos IMU (el impuesto inmobiliario) sobre residencias primarias tendremos que cerrar los ayuntamientos”, agregó.

Italia se ha comprometido a mantener el déficit presupuestario.
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