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Los que quieran novedades en la saga Piratas del Caribe no pueden perderse la última entrega. Navegando en aguas profundas (On Stranger Tides) se estrena hoy en Uruguay e inaugura director, chica, escenario, trama y hasta dimensión. Ahora Rob Marshall ocupa el lugar de Gore Verbinski y Penélope Cruz el de Keira Knightley. Esta vez, los paisajes incluyen playas recónditas de Puerto Rico, a las que solo se puede acceder en helicóptero.

Naturalmente, también hay nueva historia: un grupo de piratas busca tripulantes para encontrar la fuente de la juventud. Y, como última novedad, ahora todo esto se puede ver en 3D. Por eso, los que busquen innovaciones se sentirán satisfechos con la cuarta edición. Pero los que no quieran saber ya más nada de Jack Sparrow deberán abstenerse, porque el capitán vuelve a la pantalla en toda su esencia: misma ropa, mismo nombre, mismo ron y mismos vicios. Además de entretener con personajes inéditos y efectos especiales mejorados, Navegando en aguas profundas promete seguir haciendo leyenda del excéntrico paladín de Disney.

Una sola condición
Johnny Depp no planeaba encarnar al capitán Jack Sparrow, pero cuando se le propuso el papel respondió inmediatamente que sí. Según contó en una entrevista para la Rolling Stone, él mismo se sorprendió de su espontánea respuesta, que dejó igual de boquiabierto a su agente. Ahora que lo vemos en retrospectiva entendemos que nadie más que él podría haber dado vida al único pirata del cine que puede ser a la vez hippie, seductor y rocanrolesco (aunque cómo no serlo con un padre como Keith Richards).

La sola condición que puso el actor para participar en la película fue que le dejaran construir su personaje sin tener que seguir al pie de la letra el modelo de Disney. Así se entiende que los productores se pusieran bastante nerviosos cuando en vez del elegante vuelo de Aladdin vieron el bamboleo de un borracho en cubierta, y en vez de la sonrisa deslumbrante del príncipe Eric de La sirenita se encontraron a un zaparrastroso que ahuyentaba mujeres con su mal aliento. Más que asemejarse a Hércules o al príncipe Ada, Depp se arriesgó a conquistar la audiencia con un auténtico antihéroe.

Y logró hacerse querer, quizá porque a pesar de todos sus defectos, Sparrow tiene un gran corazón. O quizá porque se cumplió aquello que Aristóteles había dicho de la tragedia griega: el público se encariña con personajes que bajan de su pedestal de perfección y que son tan humanos como el hombre común.

El capitán, por ejemplo, no demuestra una valentía rimbombante y tampoco es un caballero con el sexo femenino. Sin embargo, está dispuesto a dar su vida para salvar la de sus amigos, como se vio en El cofre de la muerte. Finalmente, es probable que lo que hace tan querible al legendario Jack Sparrow es que él mismo conoce sus limitaciones y no tiene la vanidad ni siquiera para esconderlas. Eso, a diferencia de la mayoría de nosotros, los espectadores, es lo que lo hace ejemplar.
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