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"Si la conservación tuviera estrellas como el rock, esta mujer sería Mick Jagger, Bob Dylan, John Lennon y Elvis, todos juntos en una sola persona”. Así presentaron a Jane Goodall en una entrega de premios en Estados Unidos en 2009. La británica se mudó en 1960 a Tanzania para estudiar el comportamiento de los chimpancés en libertad, convirtiéndose en la primera persona en vivir con monos, y terminó por cambiar el concepto de ser humano. Y, muchas vidas.

Después de pasar cerca de 30 años en la selva, Goodall decidió dejar la investigación en África y volverse una activista mundial. A los 77 años, la primatóloga viaja 300 días al año para difundir su mensaje de conservación medioambiental y de paz. No se puede defender a los chimpancés de la extinción sin proteger también a otras especies, al ser humano y a la naturaleza.

De esta forma, Goodall pasó de la serenidad del Parque Nacional de Gombe, Tanzania, al caótico tránsito de Buenos Aires, donde estuvo la semana pasada. “Afortunadamente, llevo la paz del bosque en mi corazón”, explica la investigadora en el documental Jane’s Journey, que presentó el martes en el marco del Green Film Fest.

Pero en realidad, a esa paz la acompaña con otras pequeñas acciones. En su habitación, en un hotel del microcentro porteño, Goodall había puesto una planta en la mesa ratona y el papel de regalo dorado que las envolvía, lo había colocado tapando la pantalla de la televisión. “No me gusta que las flores se mezclen con el papel”, explicó Goodall a El Observador. Para ella, era el aparato el que precisaba decoración.

De Tarzán a Tanzania
El libro de la selva, La historia del doctor Dolittle y Tarzán de los monos, son algunos de los libros que Goodall leyó de pequeña y que la hicieron soñar con “ir a África, vivir con animales y escribir libros sobre ellos”, contó.

Con 23 años, Goodall viajó a Kenia con todo en contra. “Me decían que África estaba lejos, que era el continente negro y que las mujeres no debían tener esas aventuras”, recordó.
Sin embargo, a los meses de estar allí, conoció al prestigioso antropólogo y paleontólogo Louis Leakey. La pasión de la joven lo convenció de que ella era la indicada para iniciar una serie de estudios que quería realizar con chimpancés en Tanzania, para conocer mejor a la especie y, a través de estos, a la evolución del ser humano.

Goodall se convirtió así en la primera de “los ángeles de Leakey”. Las otras dos fueron Birutė Galdikas, que estudió a los orangutanes en Borneo, y Dian Fossey, que trabajó con gorilas en Ruanda. Esta última fue inmortalizada en la película Gorilas en la niebla, estrenada en 1988 y protagonizada por Sigourney Weaver.

“Solía enojarme porque me confundían con ella”, cuenta Goodall al principio de Jane’s Journey. Aunque la británica ya ha protagonizado alrededor de 20 películas con productoras del prestigio de National Geographic, Animal Planet, Discovery, HBO y BBC, la ficción de Hollywood tuvo un gran impacto popular. Aunque, al confundirlas, pocos están recordando que Fossey murió asesinada a machetazos en 1985.

“Leakey creía que las mujeres podíamos hacer mejor las investigaciones. Pensaba que éramos más pacientes, lo cual usualmente es verdad, y que éramos mejores observadoras. Si pensás en la vieja familia tradicional, la mujer no era buena madre si no veía lo que estaba pasando en la familia y si no podía entender lo que un bebé necesitaba antes de que pudiera hablar”, explicó Goodall.

Cosquillas y canibalismo
La belleza y carisma de la joven Goodall, sumados a que carecía de títulos universitarios, hicieron que al principio pocos creyeran en su capacidad y la tomaran solo como una herramienta de marketing. Aunque la investigadora se terminó convirtiendo en una figura icónica: sus logros científicos respaldan ese reconocimiento internacional.

Con los cerca de 40 chimpancés con los que vivió, la británica descubrió desde conceptos que son hoy obvios (como que cada ejemplar tiene su personalidad), hasta otros en los que todavía se está profundizando (por ejemplo, la permanencia de fuertes vínculos entre familiares con el paso de las décadas).

Goodall observó que estos simios se abrazan, besan y hacen cosquillas, pero fue otro descubrimiento el que llevó a cuestionar la propia esencia humana. Vio a un chimpancé tomar una rama, sacarle las hojas y meterla adentro de un agujero para pescar termitas. Hasta ese entonces se creía que solo los seres humanos construían herramientas.

Según cuenta la primatóloga en Jane’s Journey, cuando Leaky escuchó esta revelación, dijo: “Ahora debemos redefinir herramienta, redefinir hombre o aceptar que los chimpancés son humanos”.

Además, Goodall fue la primera en detectar que los chimpancés comían carne como parte habitual de sus dietas y que eran capaces de cometer actos violentos. Por ejemplo, una hembra dominante puede matar de forma deliberada a la cría de otra hembra para mantener su posición en el grupo.

En su opinión, es el lenguaje lo que diferencia a los humanos de los grandes simios. “Ellos pueden entender y aprender el lenguaje humano, y hablar lenguaje de señas, pero no usan ese tipo de lenguaje en su vida normal. Una vez que tenés palabras, podés discutir, planificar el futuro, enseñar cosas pasadas. Eso es lo que creo que ha expandido nuestro intelecto”, sostuvo.

Y agregó: “Es muy arrogante la forma en que pensamos sobre los animales. Nos creemos tan superiores. Somos más intelectuales pero esa es la cuestión: ¿cómo una criatura tan intelectual puede estar destruyendo su planeta?”.

Plantar la acción
“Podría estar trabajando con los chimpancés en el bosque, porque es lo que me gusta. Pero, si los jóvenes del mundo no van a ser mejores que nosotros, entonces mis investigaciones no tienen sentido”, dijo Goodall.

A través del programa Roots & Shoots (Raíces y Brotes), la científica fomenta el compromiso de los más chicos con su comunidad. En los 120 países donde está instalado, lista que incluye a Argentina pero no a Uruguay, realizan acciones tan diversas como visitar ancianos y plantar maíz.

Sin embargo, como sucedió la semana pasada con el rinoceronte de Java en Vietnam, “muchas especies desaparecerán antes de que los mayores de Roots & Shoots tengan edad suficiente como para defenderlos”.

Por eso, con su organización, el Instituto Jane Goodall, implementa otras medidas como brindar microcréditos a mujeres africanas para que desarrollen programas medioambientales, o enseñar oficios en campos de refugiados.

Para ella, “en las democracias, las decisiones políticas son tomadas en concordancia con la voluntad de la mayoría. Entonces, si suficientes personas apoyan medidas medioambientales, los gobiernos las tomarán. Pero desafortunadamente, ese no es el caso”.

En el documental, Goodall cita el dicho: “No heredamos la tierra de nuestros padres, la tomamos prestada de nuestros hijos”. Pero, explica, como “tomar prestado” implica que posteriormente habrá una devolución y eso será imposible con el actual nivel de destrucción. Para ella se debería sustituir ese verbo por “robar”. Al menos por ahora.

Monadas
-Amor.
En la película, Goodall cuenta que de niña se enamoró de Tarzán, quien, para su pesar, “se casó con esa otra Jane”.
-Estudios. Ingresó a la Universidad de Cambridge en 1962 para estudiar un doctorado en etología sin haber tenido un título de grado. Se recibió en 1966.
- Libros. A través de sus libros, los chimpancés de los estudios de Goodall se volvieron tan famosos que cuando en 1972 murió Flo, la madre ejemplar del Gombe, The London Times publicó un obituario.
- Conferencias. En muchas exposiciones se puede ver a la británica agradecer como chimpancé, es decir, imitando sus sonidos y gestos de felicidad.

Mister H
Es difícil encontrar imágenes de Jane Goodall fuera de la selva donde no esté acompañada de un peluche de mono. “Les presento a mi mascota: Mister H”, dijo la primatóloga ni bien le dieron la palabra en la presentación de su película en Argentina. Jane no solo es un ícono por sus logros como investigadora y activista, sino que además tiene rituales y símbolos que repite para reforzar esa imagen. Mr. H forma parte de uno de estos objetos indisociables a ella. El peluche se lo regaló en 1996 un amigo suyo, Gary Haun, quien perdió la vista a los 25 años y decidió entonces convertirse en mago. Haun hace sus espectáculos de magia con lentes oscuros y recién cuando termina le dice al público que es ciego. Desde entonces, Goodall viaja a todos lados con Mr. H y miles de personas lo han acariciado porque, según la británica, “transmite inspiración”.

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