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La joven primera ministra italiana y líder de Fratelli de Italia, una formación que reivindica a Benito Mussolini y toma distancia de la conducción socialista y popular del grupo de las 27 naciones de la Unión Europea, aterrizó en Washington este jueves para mantener un encuentro con el presidente de los Estados Unidos, Joe Biden.

La cita permitirá abordar asuntos bilaterales entre la primera potencia económica global y la tercera economía de Europa continental, detrás de Alemania y Francia. Para Biden, en campaña electoral, mostrando a China como el principal problema del mundo, las posiciones de Meloni son incómodas.

Al igual que otros líderes ultraderechistas europeos, el nacionalismo no sólo se expresa en un rechazo absoluto a la inmigración del norte de África y de Oriente Medio, sino también en buscar sus propias vías nacionales para la estabilidad política y económica en un continente donde la inflación y la crisis energética están por delante de los alineamientos ideológicos.

Meloni no fue quien inició el trato con Beijing para sumar a Italia a la Iniciativa de la Franja y la Ruta, el nombre que China da a lo que suele llamarse la Nueva Ruta de la Seda. El predecesor de la líder de Fratelli de Italia, Giuseppe Conte, líder del Movimento Cinque Stelle, había dejado en carpeta de gobierno la posibilidad de sumarse a la iniciativa de Beijing que ya tiene más de un centenar de naciones incorporadas de distintas modalidades.

La iniciativa es llamada por algunos como el Plan Marshall de China. Es razonable esa asociación. En 2014, el presidente de China, Xi Jinping, que ya va por su tercer mandato, anunció la creación del Banco Asiático de Inversiones e Infraestructuras. Desde entonces, la logística y las comunicaciones de la Franja y la Ruta abarcan todos los continentes, salvo la Antártida.

No sólo eso, las inversiones chinas en Europa continental y el intercambio comercial con los países de la Unión Europea marcan ventajas comparativas para China. Fue en ese contexto que Giuseppe Conte dejó planteada a su sucesora la participación de Italia en la nueva Ruta de la Seda china.

De momento, las agendas que comparten Italia y China tienen una relevancia moderada. Sin embargo, la Casa Blanca ve con suma preocupación la eventual renovación del acuerdo firmado por Conte con el gigante asiático, ocurrido antes de la invasión rusa a Ucrania y antes de las tensiones en el mar de Taiwán.

Pero Meloni no puede rechazar a Beijing fácilmente. La no renovación del acuerdo con China acarrearía también represalias comerciales en un momento en el que Italia atraviesa problemas económicos. A la vez, Meloni no cuenta con Washington para reemplazar productos y tecnologías chinas más baratas que las de su propio continente y con plazos de pago extendidos y tasas de interés por debajo de las establecidas por el Banco Central Europeo.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen le presentó a Meloni un plan para reducir la dependencia económica de China en sectores estratégicos. Sin embargo, la propia ex secretaria de Exteriores de Angela Merkel viajó a Beijing para reclamar a Xi Jinping tomar medidas conjuntas entre la Comunidad Europea y China para reducir el déficit comercial del Viejo Continente.

Meloni necesitaría un compromiso por parte de Biden con la certeza de que el lugar de China lo puedan ocupar los Estados Unidos y sus aliados europeos. Algo que parece muy lejano.

La situación se remonta a marzo de 2019, cuando Italia se convirtió en el primer país del G-7 en formar parte de la nueva Ruta de la Seda china, el ambicioso proyecto de infraestructuras que pretende conectar Europa, Oriente Próximo y Asia.

Pese a la oposición de sus socios europeos, Xi Jinping y el entonces primer ministro italiano, Giuseppe Conte, firmaron en Roma un memorándum de entendimiento para asegurar la entrada del país transalpino en la gran red de infraestructuras china repartida por los cinco continentes y también una cantidad de acuerdos de colaboración entre ambos países.

Italia está técnicamente en plena recesión económica. Necesita inversión y financiamiento, tiene un coeficiente de deuda alto y China le tendió una mano. Desde ya, en búsqueda de sus propios intereses. Uno de ellos refiere a los puertos italianos, que resultan los más ventajosos para unir por mar el complejo entramado de la Franja y la Ruta, que además de transporte marítimo tiene buena parte de sus rutas conectadas por trenes de alta velocidad.

No fueron los comunistas italianos, otrora un partido fuerte, sino las expresiones de la derecha nacionalista quienes sentaron a Xi Jinping en la mesa. Umberto Bossi, líder de La Lega, una formación del norte rico e industrial, dio los primeros pasos, y luego fue el turno de Giuseppe Conte, que firmó los acuerdos cuando fue primer ministro.

La presión de la Unión Europea y de los Estados Unidos limitaron en parte las negociaciones. De los 50 acuerdos iniciales previstos, se firmaron 29. Una de las condiciones fue evitar la entrada del Huawei, el operador chino líder en tecnología de las redes 5G en Italia.

Ante la eventualidad de que Meloni retome las conversaciones con Xi Jinping para darle oxígeno a la economía italiana, Biden invitó a Meloni a Washington. Fue en una conversación telefónica ocurrida el 26 de junio, según consignó la prensa italiana.

El diálogo con la primera ministra italiana y el presidente de los Estados Unidos se produjo un día después de que Biden se comunicara con los mandatarios de Francia, Alemania y el Reino Unido. El tema con los cuatro líderes europeos giró en torno al apoyo a Kiev y el repudio a Moscú.

Meloni no puede volver a Roma insistiendo que no apoya a Vladimir Putin y que Volodímir Zelensky tiene razón. El viaje tiene a la economía, las finanzas y el comercio en el centro de la agenda. Si Washington puede ofrecer algo similar o mejor de lo que tiene Beijing sin duda que para Roma sería una gran tranquilidad.

Sin embargo, la Reserva Federal sube las tasas de interés, la recesión y la crisis energética ensombrecen las posibilidades de la Casa Blanca de dar mejores alternativas a Meloni. Biden se mueve en un complejo escenario geopolítico donde la hegemonía estadounidense empezó a declinar hace tiempo. Sin embargo, para la campaña electoral, los demócratas también necesitan mostrar músculo frente al avance chino.

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