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Tuve la suerte (no creo en la suerte, sí en el azar…. pero queda mejor la frase) de asistir a la prueba de sonido y al concierto de Paul Mc Cartney en el Centenario.

Durante la prueba de sonido compartí un largo rato con otros seguidores de Paul (unos 50 aproximadamente). No me gusta decir “fanáticos“ porque implica quedar ciego a otras opciones, y descuento que todos los seguidores de Paul, son amantes de la música buena y no sólo de la de Paul. De paso, un palo a los fanáticos: siempre se pierden de disfrutar otra gran parte de la realidad. Acaso no sería ideal ser hincha de Peñarol y de Nacional simultáneamente? Se que eso no es posible ni siquiera pensarlo en el Uruguay de hoy pero como una abstracción les pido que lo piensen un poquito.
Pero… me fui por las ramas así que vuelvo.

Inmediatamente se destacó entre todos una chica , Josefina, de unos 20 años que me anunció muy orgullosamente que solo había estado en el Centenario dos veces. Y las dos veces fueron cuando tocó el beatle de ojos caídos. Casi tapada por un cartel amarillo de cartulina doblada y muy trajinada se apostó bien de frente al escenario al lado mío lo cual nos permitió ver la prueba de sonido desde una inmejorable ubicación.

Como se imaginarán la mayoría de los asistentes eran mayores de 40 o 50 años pero Josefina no. Eso generó mi obvia pregunta mientras esperábamos que su majestad Paul se dignara a regalarnos una hora de su tiempo y de su música: de donde venía su devoción por los Beatles y por Mc Cartney habiendo nacido 24 años luego de la separación del grupo. Inmediatamente y con gran claridad me relató su historia (la que posteriormente fue publicada por varios medios de prensa del Uruguay): nació en la escuela con Yellow Submarine pero sin saber quienes eran los que cantaban eso.

Tenía tan claro su objetivo que me dijo directamente que lo que ella quería era conocer a Paul. Hablamos mucho se su tatuaje en el brazo donde se dejaba leer una frase de The End (tema de Abbey Road, la última grabación de los Beatles) y algo me dijo en ese momento que lo iba a lograr.

El resto de la historia es ya conocida: Josefina asistió luego al concierto, se apostó en la primera fila nuevamente con el mismo cartel y logró que la invitaran a subir al escenario. Allí se pudo ver como Paul le firmaba la espalda y ella lo abrazaba un segundo después visiblemente emocionada.

¿A que voy con todo esto? No sé si Paul Mc Cartney es un emprendedor, sencillamente diría que es de otro planeta (basta con ver como silenció al Centenario con Blackbird o como cantó Helter Skelter ya pasados los 70 años de edad por nombrar un par de ejemplos cualesquiera), pero Josefina tiene casi todo para emprender y que le vaya bien.

Al menos tiene el ingrediente mas escaso: la autodeterminación y el trabajar por un objetivo sin apartarse por más piedras que haya en el camino.

Ya se que me van a decir que también necesita tener un producto que el mercado compre, bla, bla, bla. Pero claramente tiene claro como plantearse un objetivo y como (con “como” me refiero no solo a la manera sino a la intensidad) trabajar para conseguirlo y por sobre todo, hacerlo con una extrema pasión.

No conozco a Josefina prácticamente nada pero me animaría a arriesgar que el día que encuentre una pasión que pueda desembocar en un emprendimiento que el mercado acepte, el resto del partido ya lo tiene ganado.

En un momento en donde se les cuestiona a los mas jóvenes (siempre se hizo pero ahora me toca a mi estar del lado de los no-jóvenes) la falta de interés en las cosas y su dedicación, creo que tomar el ejemplo de Josefina para usarlo en la pasión que cada uno tenga, puede servirle a muchos (jóvenes y no tan jóvenes también).

Vivan los entusiastas y los que creen en que casi todo es posible!!! Viva Paul por ser la banda sonora de mi vida y de la vida de muchos otros y por sobre todo, vivan las Josefinas!!!

The End (Lennon – Mc Cartney)

* Fundador y consultor senior en SEG Ingeniería

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