Juana Molina y un cambio artístico que “no se ve ni se oye”
La artista argentina para su nuevo disco retoma su vínculo con la guitarra eléctrica; hoy lo presenta junto a su banda en el Teatro Solís
Aunque Juana Molina se declare fanática de la música montevideana (Eduardo Mateo, antes que nada), no suele poder disfrutar de la ciudad como turista. Cada vez que cruza el río es con motivo de su música. Y esa es la razón por la que se encuentra ahora en la ciudad. Hoy en el Teatro Solís presentará Wed 21, su sexto álbum, donde luego de cinco años volvió con un cancionero renovado, en parte gracias a la distorsión de la guitarra eléctrica.
¿Qué aconteció entre el quinto y sexto disco?
No sé. Me distraje viviendo. Yo no soy de esos músicos que están todo el día tocando. Me gusta mucho tocar. Toco muy profunda y muy concentradamente pero no todo el tiempo.
¿Cuál fue la primera canción que le llevó hacia este disco?
En 2012 compuse muchos temas solo con la guitarra, como cuando empecé a hacer música. Había hecho como ocho canciones y las grabé, pero me di cuenta que eran temas que me gustaba mucho tocar pero que eran más de fogón. No me daba después para ponerme a escucharlas. Creo que grabadas perdían cierta cosa que nunca pude identificar qué era. La que sobrevivió fue Eras, el primer tema del disco, pero completamente diferente.
Empezó tocando solo la guitarra, después introdujo a su música los pedales de loops y ahora la guitarra eléctrica ¿Es otro gran cambio?
El cambio fundamental para mí de la guitarra eléctrica es algo que no se ve ni se oye. Y es la relación que tenés con la guitarra. La tenés pegada al cuerpo y es como que se integra físicamente. Con la acústica hay un aire entre vos y la guitarra. En la eléctrica la tenés pegadita. Hay algo que pasa ahí y lo descubrí ahora. Eso para mí es muy importante.
¿Y a nivel sonoro?
En realidad los cambios grandes no son de la guitarra eléctrica sino que son de los pedales y del equipo. Ahora modifico los sonidos. Hay cosas que no se sabe si son de la guitarra o de dónde. Eso también me gusta porque se abre mucho el campo tímbrico y se te ocurren otras cosas. Tocando lo mismo o tocando muchísimo menos, lo que hacés se torna mucho más protagonista.
El disco también le demandó que le acompañe una banda.
Sí. Los demás discos los podía tocar con o sin banda. Era otra energía pero lo resolvía. Este no. Este ya no se puede porque tiene muchos cambios dinámicos. Los otros tienen como una progresión. Empieza una cosa y se van llenando. Es como un auto vacío que va recogiendo paquetes y va avanzando por distintos paisajes. Pero siempre es el mismo auto por la misma calle. Wed 21 no. Estás en un auto pero después te bajás y tenés que llevarte las bolsas, y no puedo cargar con todo. La dinámica de las canciones lo hace muy difícil.
¿La guitarra eléctrica le ofreció más posibilidades?
Era medio una trampa. Hay dos cosas. La guitarra eléctrica en si solita mucho no te da porque ni siquiera suena. Yo siempre supe que los instrumentos te dicen más o menos qué hacer con ellos. Si no estás muy inspirado agarrás un instrumento cualquiera aunque no lo sepas tocar y algo distinto te va a salir. Eso me parece muy inspirador. La guitarra eléctrica te da Smoke on the water. ¡Cómo que te salen esos riffs solos! Te vienen unos bríos y de golpe te sentís una estrella de rock. Lo que traté de evitar eran esos lugares comunes que la guitarra me invitaba a ir. Le ponías un poquitito de distorsion ya salía la intención del riff. Y eso viene del instrumento, no sale de uno.
¿Para los shows en vivo cuando toca canciones de anteriores discos, tiene ganas de que vayan por el lado eléctrico?
De hecho la guitarra acústica la traje pero no la toco yo. Y adapté las canciones tratando de que sonaran lo más acústico posible, porque si no cambian demasiado. Igual no toco casi ningún tema de los viejos, como presento el disco nuevo la mayoría son nuevas.
Ha dicho que primero nace la música y que la letra trata de seguir la melodía, pero ¿de dónde salen sus historias?
Algunas salen del inconsciente. Por ejemplo Sin guía no, no. Esa tiene una parte que fonéticamente sonaba a eso. La canción se llamaba “indinaio”. Y a partir de ese concepto empecé a pensar qué es lo que “sin guía no”. Y ahí empecé a armar toda la letra.
¿Qué le atrae de Montevideo?
Creo que ustedes tienen un pais privilegiado. Te dan ganas de vivir acá. En lo musical muchos tienen un swing que allá no se encuentra. Para Rara (su primer disco), probé muchos bateristas en Buenos Aires y terminé viniendo a buscar uno acá. porque todos me parecían muy pesados. Ahí conocí a Gustavo Etchenique y Martín Ibarburu, que terminaron dando vuelta el tambor con el hi-hat creo para poder tocar lo que compuse. Montevideo es swing puro.