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Áxel Kicillof es el hombre nuevo de Cristina Fernández de Kirchner. La prensa argentina y española repite su apellido en portadas desde que la presidenta lo designó como uno de los dos interventores de YPF. En la fotografía que registró el emblemático momento en que el Estado recuperó la dirección de la petrolera, Kicillof aparece en el centro, junto a Julio de Vido, ministro de Planificación. De ese centro mediático no se ha movido en los últimos días. En la noche del martes defendió durante más de dos horas la estatización de la petrolera en el Congreso. Los medios españoles lo consideran “el cerebro de la expropiación de YPF”.

Tiene 40 años, es economista y usa patillas. Se doctoró en Economía por la Universidad de Buenos Aires –donde luego dictó clases– con una tesis acerca de Keynes, sobre quien ha publicado dos libros: De Smith a Keynes y Fundamentos de la teoría general. Durante su período estudiantil integró la agrupación universitaria Tontos pero No Tanto (TNT). Luego fue subgerente de Aerolíneas Argentinas, hasta el 10 de diciembre del año pasado, cuando Cristina lo nombró viceministro de Economía. Pero antes que todo, Kicillof es uno de los líderes de La Cámpora, el grupo juvenil creado por el ex presidente Néstor Kirchner y comandado por su hijo, Máximo, de quien Kicillof es amigo íntimo, según medios argentinos.

Si el gran salto político lo dio este lunes al representar al Estado en la expropiación de YPF, el trampolín mediático lo logró gracias a una columna de Carlos Pagni, publicada en La Nación y titulada “Áxel Kicillof, el marxista que desplazó a Boudou”. En esa columna, Pagni escribe: “Hijo de un psicoanalista, bisnieto de un legendario rabino llegado de Odessa, la genealogía de Kicillof parece ser una sucesión de dogmáticas”. Sus palabras provocaron la furia de la presidenta que llamó al columnista “nazi” durante un discurso. Kicillof apareció pronto vestido de remera y saco negro en el programa televisivo 6,7,8, para defender a La Cámpora y negar su filiación marxista así como vínculos familiares con el rabino. El estilo casual de su vestimenta es una de sus distinciones.

“Atractivo, padrazo, empollón y cerebro de la expropiación de YPF”, lo define la revista Vanity Fair en su versión española, que ayer le dedicó un perfil. Padrazo porque tiene dos hijos. Empollón significa muy aplicado. Estas dos particularidades, entre otras, lo diferencian del vicepresidente de la Nación, Amado Boudou, implicado en un caso de tráfico de influencias. “La caída del vicepresidente coincide con la clausura de una etapa de la administración y es parte de una nueva configuración en el mapa del poder. Para comprender el cambio no alcanza con advertir el ocaso de Boudou. Hay que observar el ascenso de Áxel Kicillof, el nuevo cerebro económico de Olivos”, escribió Pagni en su columna del 12 de marzo.

Boudou estudió en el Centro de Estudios Macroeconómicos de Argentina, cuna del neoliberalismo que gobernó en Argentina en la década de 1990 y al que el kirchnerismo reprocha todos los males. Mientras que el vicepresidente cae en desgracia y no encuentra aliados dentro del gobierno que pongan las manos en el fuego por él y justifica en la prensa y los juzgados su inocencia por el caso Ciccone, Kicillof aumenta su poder político y mediático. El economista integra la izquierda académica, cuenta con el respaldo de La Cámpora, motor de la militancia cristinista, y fue el encargado de decirles a los españoles de Repsol: “No vamos a pagarles lo que dicen”. (El Observador basado en medios internacionales).


Lo dijo

“No vamos a pagarles lo que dicen”
Áxel Kicillof, viceministro de economía de argentina en referencia a Repsol

“Áxel Kicillof: atractivo, padrazo, empollón y cerebro de la expropiación de YPF”
Revista Vanity Fair

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