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A juzgar por los festejos en cada uno de los búnkeres, se hace difícil determinar quién ganó en la primera vuelta en las elecciones porteñas que se celebraron el domingo. Esa noche hubo sonrisas y cánticos triunfales en los tres centros de campaña. Y la verdad es que todos tenían motivos para celebrar.

Horacio Rodríguez Larreta, por el claro y cómodo primer puesto (45%), a 20 puntos de su inmediato perseguidor. Martín Lousteau (25%), por haber conseguido su objetivo de ingresar al balotaje, después de una elección en la que se sintió en desventaja por no contar con el respaldo de un aparato oficial de gobierno. Mariano Recalde (21%), por haber mejorado la performance del Frente para la Victoria en las PASO, en un terreno que le ha sido históricamente hostil al kirchnerismo.

Pero eso, claro, son los discursos para "la tribuna" y para las cámaras de televisión.

En los comités de campaña, al evaluar los resultados, se hila un análisis más fino. Y allí es donde se fatigan las calculadoras con sumas y restas de eventuales traspasos de votos desde un candidato hacia otro.

Lo cierto es que si algo tiene para festejar Rodríguez Larreta no es precisamente el resultado de su candidatura, ya que no pudo evitar una fuga de votantes.

Perdió casi dos puntos porcentuales respecto de las primarias disputadas en abril. Si bien es cierto que no se trata de un drenaje masivo (como en su momento temieron en el PRO que pudiera ocurrir, tras la fisura entre Gabriela Michetti y Mauricio Macri) también es verdad que tampoco es un caudal de votos para minimizar.

Más aún, tratándose de una elección en la que unas pocas décimas pueden definir al ganador de "la final", que será en dos semanas. El PRO ya tiene una amarga experiencia en la provincia de Santa Fe respecto de cómo los resultados se pueden dar vuelta y terminar siéndole adversos.

El favor de Recalde al macrismo

En cambio, lo que sí puede festejar el candidato del PRO es el discurso medido y sobrio de Recalde, el candidato kirchnerista.

Es que en todos los balotajes, el partido que sale tercero termina siendo el árbitro de la contienda definitiva. Y, por lo general, hace alguna insinuación en el sentido de que le gustaría que sus simpatizantes voten en la próxima instancia al que salió segundo.

Había cierta expectativa en el sentido de que el kirchnerismo pudiera reaccionar de manera decidida con una expresión de voto a favor de Lousteau, no tanto por cariño hacia el exministro de Cristina Fernández de Kirchner, sino como forma de aguarle la fiesta a Macri y dificultarle su campaña presidencial.

Sin embargo, a la hora del discurso, Recalde no hizo la menor insinuación sobre Lousteau. Se mostró respetuoso de sus dos rivales y prefirió hilvanar un discurso para levantar la moral de la "tropa" kirchnerista, que ya se siente triunfadora a nivel nacional.

Hubo alusión a los buitres, festejos por el "no" de los griegos al ajuste y los ya tradicionales cantitos contra Clarín. Pero de votar a Lousteau, nada.

En parte, Recalde estaba condicionado por su propio discurso. Había basado su campaña en la consigna de que sus dos principales contendientes "son lo mismo" y, por lo tanto, habría sonado contradictorio que ahora manifestara preferencia por alguno.

De hecho, uno de los pasajes más recordados del debate entre los tres candidatos fue aquel en el que Recalde "chicaneó" a Loustau preguntándole a qué candidato votará en las presidenciales.

Tal consulta lejos estaba de ser improvisada. Respondía al hecho de que el líder de ECO adhirió a la alianza de Macri junto a Ernesto Sanz y Elisa Carrió. Y como parte de esa coalición debería votar por el líder del PRO.

Pero, además, estaba condicionado por la propia presidenta, quien en los últimos días de la campaña se mostró más empecinada en recordar los errores de Lousteau durante el recordado conflicto de 2008 con los productores de soja que por criticar al macrismo.

Hinchando por el voto en blanco

A Rodríguez Larreta le resultará beneficioso que, en vistas a los comicios finales, un porcentaje relativamente alto del público de izquierda y del kirchnerismo vote en blanco.

Para Lousteau, en cambio, existe solo una esperanza: captar a todos lo que no simpatizan con Macri y votaron a Recalde y a los electores de dos partidos que están en las antípodas del PRO.

En el gobierno hacen cuentas. Es que si lo logra, hasta podría erigirse como un inesperado ganador, algo que sería un duro traspié para el macrismo de cara a las presidenciales.

En definitiva –observan desde el oficialismo– los votos de su coalición sumados a los del Frente para la Victoria han superado en casi dos puntos a los del PRO.

Y aún resta por ver el destino final de siete puntos que pasarán a ser clave: los logrados por la izquierda, representada por Luis Zamora (4%) y por Myriam Bregman (3%).

Desde el búnker de Lousteau expusieron otro motivo que los lleva a mantener las esperanzas: entre las PASO y la elección del domingo, su líder registró una mejora de 3,3 puntos.

Pero tiene una limitación: las zonas en las que se hizo más fuerte son las de la típica clase media, donde hay altos niveles de información y politización. En otras palabras, en aquellas donde el sufragio depende en gran medida de una decisión meditada y en las que se observa una menor influencia de algún tipo de aparato propagandístico.

El gran interrogante es saber qué ocurrirá en la zona sur de la ciudad, allí donde Recalde logró afirmarse. Y en las que abundan las familias de ingresos bajos que están en contacto con los servicios de asistencia de los gobiernos nacional y los de la ciudad.

Claro que no siempre la decisión es ideológica. Y acaso no resulta imposible que un elector de Recalde en primera vuelta pueda volcarse hacia el PRO en la segunda. O, al menos, que vote en blanco y no favorezca a Lousteau.

Dentro del relato

Lo cierto es que todos festejaron. Un poco porque tenían algún tipo de justificación y otro tanto por obligación. Siempre hay que mostrarse triunfalista, lo saben los analistas de campaña, que han hecho suya esa máxima popularizada con elocuencia por Mirtha Legrand: "Como te ven, te tratan; si te ven mal, te maltratan".

El domingo Macri pudo presentarse victorioso y ensayar los pasos de baile que no pudo mostrar tras la elección de Santa Fe. Más aun, pudo "robarle" algo de protagonismo a Rodríguez Larreta para reforzar su mensaje presidencial.

Su argumento fue curioso: acusó al kirchnerismo de "pretender instalar la idea falsa de que ya ganó". Acaso sin advertirlo, él estaba asumiendo la misma actitud.

Porque al unirse al festejo en el búnker del PRO con el cantito "olelé, olalá, Mauricio en el gobierno, Horacio en la ciudad", está celebrando dos situaciones que todavía están lejos de transformarse en realidad.

En la ciudad falta la segunda vuelta, en la que el PRO definirá buena parte de su futuro político de cara a la gran contienda presidencial de octubre. Y aunque sus chances son altas, falta jugar ese partido.

No obstante, el largo calendario electoral argentino es generoso: permite estas pequeñas revanchas y victorias parciales.
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