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La AUF, ¡qué plato!

Una cosa es lo que pasa en la cancha y otra en las oficinas, pero sería peor que fuera a la inversa

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23 de agosto de 2018 a las 04:45

Cuando vieron la oportunidad de quedarse con el poder y de paso deslumbrar a su ego (porque el poder es una droga), varios candidatos surgieron con impetuoso descaro a intentar tomar posesión de la ex venerable AUF, luego de algunas presidencias cuestionables, la de Eugenio Figueredo y la de Wilmar Valdez, las que primero vienen a la cabeza.

Todo venía bien, e incluso uno de los candidatos creyó tener el apoyo suficiente de parte de varios clubes como para ser presidente apenas se realizara la votación. Se creyó dueño de la casa y del auto antes de ganar la rifa. Semanas atrás, en este mismo lugar, escribí la columna titulada, "Fábula para Wilmar Valdez", en la cual decía que el susodicho "seguramente no tuvo en cuenta que el ser humano imagina para sí el mejor futuro, pero la realidad puede traer lo contrario" y usaba como ejemplo el poema-fábula La lechera, de Félix Samaniego (1745-1801), el cual dice en sus versos finales: "No seas ambiciosa / de mejor o más próspera fortuna, / que vivirás ansiosa / sin que pueda saciarte cosa alguna. / No anheles impaciente el bien futuro, / mira que ni el presente está seguro". Dudo que quienes pretendían presidir la AUF hayan leído al poeta español (no saben lo que se pierden), el que en La lechera da una lección gratuita de sabiduría obligatoria a ser tenida siempre en cuenta. Quienes se imaginaron en el sillón presidencial, viajando por el mundo, disfrutando de la pompa a raíz de un balón y asistiendo a los ágapes de alfombra roja que suele tener la poderosa FIFA, hoy constatan que, como la muchacha de la fábula, se han quedado sin el pan y sin la torta.

Teniendo en cuenta el respeto que todo el mundo tiene por O. W. Tabárez, cuesta entender el torbellino de desprestigio en el que ha caído la dirigencia del fútbol uruguayo. Por lo visto, una cosa es lo que pasa en la cancha, y otra en las oficinas. Claro, sería peor que fuera a la inversa. Uno de los últimos recuerdos que tengo de mi abuela paterna la encuentra frente a un televisor, viendo con mucha atención a dos políticos uruguayos discutir dijo: "¡Qué plato!" y momentos después comentó: "¡Qué manga de papeloneros!" Si viera lo que está pasando con la AUF, estoy seguro que diría lo mismo.

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