La basura que desplaza al hogar
La Intendencia tiene 30 denuncias por acumulación de basura y animales
El operativo comienza temprano. Se corta el tránsito y los camiones de basura preparan sus palas mecánicas. El personal de limpieza saca bolsas, y bolsas, y bolsas de basura de la casa del acumulador. El olor a podrido se vuelve insoportable. Mientras las ratas corren desesperadas, la escribana toma nota. Un patrullero se hace presente para controlar que el orden no se altere, pero generalmente se altera: la persona que vive entre la mugre no está dispuesta a desprenderse de ella. Los psiquiatras del Hospital Vilardebó la sacan con chaleco de fuerza y se la llevan en ambulancia. Con suerte la persona volverá a su casa en una semana o en un mes. O quizá no pueda volver.
La escena se repite cada vez que allanan la vivienda de alguien que sufre el Trastorno de la Acumulación Compulsiva. Generalmente quien empieza el trámite es un vecino que, cansado del foco infeccioso que lo rodea, hace la denuncia.
La Defensoría del Vecino recibe las denuncias de estos casos, popularmente conocidos como Síndrome de Diógenes (cuando la persona junta basura), y de Noé (cuando lo que acumula son animales). Rosana De Boni, quien se encarga de este problema en la Defensoría del Vecino, dijo a El Observador que empezaron a ocuparse del asunto cuando una mujer quiso denunciar a la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM) porque había entrado en su casa y le habían “robado” todo. Lo que la señora no contó fue que tenía varias denuncias por la basura acumulada en su apartamento del Palacio Salvo. A partir del aumento de estos casos, se creó un equipo multidisciplinario en el que participan la Intendencia de Montevideo, ASSE, el Hospital Vilardebó y la Defensoría del Vecino.
Pero los denunciantes no siempre se dan cuenta de la patología que sufre el vecino, y creen que el desborde de basura se debe a que la persona se dedica a reciclar. De Boni explicó que la diferencia está en los espacios que quedan libres de desechos. Cuando la cocina y el baño están también invadidos de residuos es muy posible que la persona esté padeciendo este trastorno. Hay casos extremos en los que el acumulador no puede desprenderse de sus excrementos. Sencillamente no puede hacerlo, aseguró De Boni.
El Trastorno de Acumulación no entiende de clases sociales. En la esquina de 26 de marzo y Julio César, en pleno Pocitos, Juan José Crosa sufre por la enfermedad de su vecina, quien durante 12 años llegó a juntar más de 40 perros. Hace seis meses, cuando la intendencia realizó el operativo de limpieza, descubrió que también había juntado varias toneladas de basura. Luego de que la mujer estuviera un mes internada en el Vilardebó, comenzó a acumular perros de nuevo. La casa, tapada de enredaderas y yuyos, deja entrever algunas bolsas de deshechos tiradas en el patio.
“Gasto $ 1.500 al mes en veneno para ratas. Las veo pasar por arriba del cerco”, se quejó Crosa. Lo mismo sufren los vecinos de la calle 21 de Setiembre, en Punta Carretas, y los de la calle Hernani, en Punta Gorda, donde el olor a orina de gato hace intransitables la veredas. En todos los casos intervino la intendencia, pero el problema resurgió.
El departamento de Salubridad de la IMM, que nuclea todos los casos de acumulación, recibe dos denuncias al mes y hoy tiene en trámite más de 30 expedientes. La directora de Salubridad, Beatriz Mato, dijo a El Observador que la gestión para solucionar estos asuntos es “compleja” y puede llevar desde cuatro meses hasta incluso años
Una vez que los vecinos denuncian la situación, la intendencia envía un inspector a corroborar, se intima al acumulador a que limpie su vivienda y, si no lo hace, se le aplica una multa de 16 UR (unos $ 10.400). Pero la persona no responde, y entonces se le aplica una nueva multa de 24 UR. Luego la intendencia pide una orden de allanamiento y procede a la limpieza y desratización del lugar.
En el caso de una vivienda llena de basura se limpia toda y se cierra. “Ahí termina nuestro trabajo. Aunque hemos tenido lugares donde no hemos podido limpiar todo porque se cae el techo”, relató Mato. El problema es cuando a los acumuladores se les da por los animales: “Nosotros no podemos sacar los 30 gatos y dejarlos tirados en la calle. No tenemos dónde ponerlos”, dijo la directora de Salubridad. Por este motivo, Mato explicó que la Intendencia está tramitando relaciones con protectoras de animales para lograr ubicarlos una vez que se sacan de la vivienda del acumulador.
Mientras tanto, los protagonistas de este trastorno ven en los objetos el recuerdo de su vida. El psiquiatra Esteban Acosta contó a El Observador que para los acumuladores, juntar cosas “es como quien va de viaje y saca fotos; para ellos cada objeto es un momento de su vida”. Acosta aseguró que la tendencia viene en aumento debido a la velocidad con que pasa el tiempo. Esto hace que las personas quieran aferrarse a lo material, que nunca perece.
La necesidad de juntar, explicó el especialista, es algo que llevan dentro desde siempre, pero se hace evidente cuando la persona rompe los vínculos sociales, por ejemplo, cuando se jubila. Por esto se manifiesta generalmente después de los 50 años. Quienes sufren este trastorno pueden estar años acumulando basura sin que nadie se entere. Sin embargo, la patología se sale de control cuando la basura desplaza a los huéspedes, y las ratas y la materia fecal se apoderan del hogar. En esos casos, explicó Acosta, el trastorno tiene de base una demencia o de psicosis.
Se estima que el Trastorno de Acumulación Compulsiva aqueja a 4% de la población mundial. Generalmente no tiene cura, pero puede controlarse siempre que la persona reciba apoyo del entorno.