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Primero fueron al shopping de Punta Carretas. No es que José Mujica y Emir Kusturica quisieran comprar nada sino que el presidente le fue a mostrar al director el lugar donde estaba la cárcel famosa donde se escaparon él y otros 105 tupamaros en 1971. Por la tarde el rodaje para la película de Mujica cubrió la visita del mandatario a la Cachimba del Piojo, un cantegril de La Teja que conoció los primeros pasos del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros.

Sin embargo, la visita esta vez no encerraba nostalgia sino un vistazo al futuro. Hay en marcha un proyecto de construcción de un centenar de viviendas para reubicar al asentamiento y el presidente fue a ver las obras y a hablar con la gente, seguido de cerca por las cámaras de Kusturica, con el director balcánico en un discreto segundo plano, dando instrucciones en inglés a su equipo de profesionales argentinos.

El lugar está al final de la calle Heredia, a seis de cuadras de Carlos María Ramírez. Una transversal de ranchos de bloque y chapa cierra la calle, entre los sauces llorones. Frente a ellos hay una zona de casas de bloques y planchada en construcción.

A las 2 de la tarde llegó el presidente, vaqueros y camisa blanca con una lapicera en el bolsillo. No bien empezó a saludar a los vecinos, ya tenía cámara y equipo de sonido encima. Unos 10 metros más atrás, Kusturica seguía la escena.

Unas 15 o 20 personas se le acercaron y empezaron a conversar. Ahí empezó una caminata por una calle de tierra entre el cantegril y las viviendas en construcción, con saludos a varios pobladores de ranchos muy precarios, muchos de ellos con banderas del Frente Amplio y del Movimiento de participación Popular.

Luego el grupo, ya de unas 40 peronas, entre los protagonistas, el equipo de rodaje y los vecinos, cruzó a la obra. “¿Y? ¿Ta brava la cosa?”, le pregunta el presidente a una albañil y ella dice “No, tranqui, nomás”. Un joven lo saluda: “¿Todo bien, Mujica?” “Bien, ¿y vos?, responde el mandatario. “¿Casi bien, no del todo”, explica el primero, como queriendo ahondar, pero la conversación se queda ahí.

Luego fue el turno del salón comunal, pequeño, modesto y caluroso. Mujica se sienta y le explican las obras, los avances, las tareas y las responsabilidades, la vida de la comunidad.

Alguien dice: “Menos mal que el Ejército nos dio una mano” en referencia a los batallones de Ingenieros que trabajan en la construcción de las viviendas. Mujica reflexiona: “Los soldados son hijos del pobrerío, son como todos nosotros. Otra cosa es lo que hay arriba”. Un vecino comenta: “Acá hay como 200 gurises” y Mujica mira a una embarazada y aporta “Y los que se están procesando”. Hace una pausa y agrega: “Menos mal que están ustedes, porque los que tienen plata no pasa nada, no quieren tener hijos. Piensan mucho”. Entonces una vecina concluye: “Y menos mal que está usted para ayudar a los que tienen hijos”.

Todo es muy distendido, salvo tal vez la seriedad y concentración del grupo de filmación. Kusturica no aparece en cuadro, no pregunta, no opina en este capítulo de la película. Finalmente el presidente se va y el barrio retoma la rutina.
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