ver más

Todavía recuerdo una clase de Administración General en el aula magna de la Facultad de Ciencias Económicas -lugar donde estudié mi carrera formal-, en la que el profesor de la materia relató un pequeño cuento que lo relacionaba a la vida empresarial (en aquella época, año 1997, nadie hablaba de emprendedores): “Cada día en África, una gacela se despierta. Ella sabe que debe correr más rápido que el león más veloz, o será devorada. Cada mañana en África, un león se despierta. Éste sabe que debe correr más rápido que la gacela más lenta, o morirá de hambre. No importa si tú eres un león o una gacela. Cuando el sol se levante, más te vale estar corriendo”.

Si pudiéramos elegir qué rol tener en esa carrera de la naturaleza, seguramente la gran mayoría de nosotros elegiría ser león, el denominado “rey de la selva” (o más correctamente, de la sabana). En la familia de los leones, encontramos el guepardo o cheetah, el animal más veloz sobre la tierra que alcanza velocidades de hasta 115 kilómetros por hora en carreras cortas de 400 o 500 metros.

Cuando era niño, veía los documentales de la National Geographic, y recuerdo que si la gacela arrancaba a correr con cierta ventaja, realizando algunas maniobras evasivas, podía llegar a cansar al guepardo después de cierta distancia, quien consumía rápidamente sus energías y terminaba abandonando la persecución.

Ustedes pensarán: “muy interesante la naturaleza, pero ¿qué tiene que ver esto con emprender un negocio?”. Mucho tiempo después, leí en algún lugar que “emprender, no se trata de correr una carrera corta de velocidad, sino de una carrera larga de resistencia”.

En nuestro ecosistema, hay muchos emprendedores que se asemejan al guepardo; poseen un gran empuje y energía iniciales, pero de corto aliento y terminan abandonando cuando no logran alcanzar rápidamente sus objetivos. Son emprendedores que muchas veces se ven abrumados por el primer fracaso, o que no logran llevar el emprendimiento al siguiente nivel, y terminan cansándose y renunciando.

Por otro lado, también encontramos emprendedores gacelas, dinámicos, constantes en su avance, que a veces zigzaguean para explorar oportunidades o esquivar peligros, pero que tienen claro su objetivo y saben que si resisten lo suficiente y continúan avanzando, vivirán, crecerán y se multiplicarán.

Ser “gacela” también refiere a imprimirle un carácter diferente al emprendimiento. La tarea no es nada sencilla y el camino está plagado de peligros, pero al igual que en la selva, quien desee emprender, debe estar dispuesto a correr cada mañana.

En un mundo cambiante donde reina la inmediatez (todo lo queremos ya), sepamos que el camino es largo, arenoso y con algunas piedras en el camino. Pero si tenemos bien atados los cordones de nuestros zapatos, somos constantes en nuestro avance, y estamos dispuestos a recorrer el camino y disfrutarlo, seguramente lograremos cualquier objetivo que nos hayamos propuesto emprender. ¡Hakuna matata!

Seguí leyendo