La celebración del canto en los nuevos referentes del folk rock anglosajón
Fleet Foxes, banda oriunda de Seattle, Estados Unidos, se ubica en el panorama de la música indie como auténtica receptora de una posta que se remonta al núcleo duro de las décadas de 1960 y 1970
Luces cálidas, ambiente sereno, algo misterioso. Salen a escena, parecen confundidos, algo torpes. Visten ropas de gente común: vaqueros gastados, botas reventadas por años de uso: no tienen el look de rockstars. Robin Pecknold, vocalista líder y compositor de la banda, que con su barba y pelo revuelto parece un granjero ermitaño de los Apalaches, saluda con un gesto a la audiencia. Se acomoda nerviosamente la guitarra y sonríe. Amaga empezar a cantar. La audiencia trata de reprimir su ansiedad por escucharlo. Desde el fondo se escucha un coro, solo voces, nada de instrumentos… pero el público reconoce el tema Bedouin Dress (de su nuevo disco, Helplessness Blues) y se deja llevar jubiloso. Cerca de Pecknold, Skyler Skjelset —el guitarrista principal, con aire de nerd universitario— espera la señal para arrancar con sus acordes. El comportamiento en vivo de estos músicos no tiene nada que ver con el histrionismo histérico de las bandas rockeras ni la actitud distante y cerebral de los jazzeros. Les interesa la música que tocan; no buscan efectos ni trucos para impresionar a las audiencias.
Tienen demasiadas canciones para ofrecer como para perder tiempo con artificios.
Amigos desde la secundaria, Robin y Skyler, congeniaron inmediatamente por su mutuo interés por músicos como Bob Dylan, Brian Wilson, Neil Young y muchos otros cantores folk estadounidenses. El pop-rock comercial de los ‘60, las experimentaciones de la música psicodélica y las grandes bandas progresivas también influyeron en las composiciones de estos jóvenes oriundos de Oregon. En 2008 publican el EP Sun Giant (con 5 temas) y poco tiempo después lanzan su primer álbum, Fleet Foxes. Enseguida se empiezan a hacer notar en los círculos de de la música indie.
La alegría de cantar
Fleet Foxes es un grupo de veinteañeros que se encuadra perfectamente en la tradición más puramente anglosajona del arte de cantar en comunidad. Muchos niños estadounidenses se inician en esta tradición desde que nacen, prácticamente. En casa hay un órgano o piano. Se canta en las ocasiones festivas. En la escuela. En el liceo cada estudiante aprende a tocar un instrumento, se crean bandas. Cada domingo en la iglesia se reúne la congregación para cantar. Cantan juntos. En los estadios de baseball, en el descanso de la séptima entrada, se canta el himno que, además, es una melodía muy “cantable”. Hay canciones por todas partes, la gente canta, celebra la vida.
Fleet Foxes surge de esta tradición. Al escuchar sus canciones se detectan claramente distintas etapas de la música anglosajona de los últimos 60 años. Está el folk seco y duro de los campesinos pobres de la America “profunda” en Red Squirrel /Sun Rise o el blues blanco y doliente de Oliver James. Aparecen salmos en Sun Giant. Surgen coros al mejor estilo Beach Boys o de la legendaria agrupación Crosby Stills Nash & Young en canciónes como The Plains/Bitter Dance o White Winter Hymnal.
En la instrumental The Cascades se reconocen guitarras de los álbumes Foxtrot o Trespass del Genesis de Peter Gabriel, o las brumas del grupo experimental Popol Vuh que Werner Herzog tanto utilizó para musicalizar sus películas. En Meadowlarks o Crayon Angels o Someone You'd Admire se desliza una gozosa melancolía por algo perdido y se diría que es una canción Cat Stevens, pero no; es diferente: hechizan unos coros arcanos que dejan al oyente en vilo. En Your Protector, parece que se está escuchando la banda sonora de una serie televisiva de cowboys.
Las canciones de Fleet Foxes mueven emociones diferentes y hondas: se puede querer bailar con un pop sexy y juguetón de In The Hot, Hot Rays, celebrar la vida descaradamente en Ragged Wood o expresar el anhelo desesperado por un amor en Helplessness blues o liberarse de preocupaciones con la juvenil alegría veraniega en Mykonos. Son canciones para cantar, en definitiva.
Armonías y letras
En una entrevista reciente, un periodista les preguntó a Pecknold y a Skjelset: “¿Quién escribe las armonías?” Los músicos se miraron entre sí, y tratando de disimular la sorpresa y casi al unisiono respondieron: “Nadie, no las escribimos, nos salen solas…”.
Y esa es, precisamente, la clave de Fleet Foxes: armonías cantables. Tan cantables que el oyente se sorprende cantándolas naturalmente porque no son artificiales, surgen desde adentro y agradan al cantor.
Armonías vocales que recuerdan a la banda Yes entrelazándose con flautas melotrónicas y saxos muy del álbum Islands de King Crimson o arreglos de cuerdas al estilo de Bjork como en The Shrine / An Argument.
Armonías, por fin, a las que se les suman letras simples pero profundas y luminosas quehablan de amores que son como huertas y mundos estresantes que marean. Un gran viaje musical, en definitiva.