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Los ministros de la Suprema Corte de Justicia regresaron a la Colonia Berro para visitar el que, según preveían, era el mejor centro de reclusión del sistema, el Ituzaingó, y no se defraudaron. “El centro demuestra que con vocación, dedicación y gerenciamiento se pueden lograr mejores resultados que los de la media. Dentro de nuestra realidad, sin duda es un centro ejemplar, que esperemos que se replique. Ha sido un bálsamo para el alma visitar el Ituzaingó”, dijo el ministro Jorge Chediak a El Observador.

En medio de una crisis en la Colonia Berro provocada por una serie de denuncias de maltrato a adolescentes internados, los cinco ministros de la Corte retomaron las visitas a los centros de reclusión de menores el 30 de julio. Ese día, visitaron el centro Ser, el más conflictivo del sistema. Al finalizar la visita, el ministro Ricardo Pérez Manrique dijo que ese establecimiento “puede y debe mejorar” y que “surgieron contradicciones entre lo que dicen los internos del centro Ser y lo que informan las autoridades”.

Hasta ese momento hacía 15 años que la Corte no visitaba centros de reclusión de menores. Después del Ser, visitaron el Centro de Internación de Adolescentes Femeninas y ayer volvieron a la Colonia Berro para recorrer el Ituzaingó y el Ariel.

En base a estas tres visitas, la Corte preparará un informe sobre la situación integral del sistema.

Si el centro Ser es el más crítico, por el exceso de encierro, el Ituzaingó es la contracara. Allí, solo uno de los internos está medicado. En el resto del sistema, uno de cada cinco “probablemente” esté medicado, dijo Chediak. El ministro agregó que los internos del Ituzaingó pasan las horas en el gimnasio, en el taller de cerámica, en el salón multiuso o en la pequeña granja, con chanchos y conejos.
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