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Hoy los economistas conducen en la niebla. La volatilidad e incertidumbre en los mercados internacionales son como un manto gris que se extiende a pocos metros de los expertos. Hablar hoy de proyecciones estadísticas y modelos econométricos para anticiparse al corto y mediano plazo es una práctica temeraria.

La crisis europea agrega una enorme interrogante a todo intento de prever el futuro porque hoy en día los acontecimientos políticos y variables psicológicas que escapan a los planteamientos matemáticos tradicionales generan un margen de error tan grande que invalidan el análisis cuantitativo.

El desenlace de la crisis europea depende enteramente de decisiones políticas y no de dinámicas de mercado. ¿Cómo incorporar esas variables en los modelos de predicción? Muchos expertos en vez de trabajar con un único set de previsiones realizan diversos escenarios en función de las líneas de acción más probables de las autoridades europeas.

Pero aun allí existe un inconveniente: la discrecionalidad de los políticos a la hora de buscar soluciones y el carácter sin precedentes de los problemas actuales hacen que incluso el ejercicio de plantear distintos caminos posibles sea por demás aventurado. Las líneas son tantas que abarcarlas todas -o incluso las relevantes- es un ejercicio que trasciende la ciencia económica y exige un acercamiento multidisciplinario con un error no despreciable.

Por otra parte, incluso previendo las líneas de acción política y adjudicándoles cierta probabilidad de ocurrencia, resulta imposible -al menos a través de modelos históricos de regresión- asociarles una reacción por parte de los mercados. Los últimos sucesos dejan en claro que los agentes económicos no se rigen por los mismos parámetros de siempre a la hora de reaccionar frente a los acontecimientos. Su perfil de riesgo es confuso y su susceptibilidad está a flor de piel.

Los inversores sobrerreaccionan ante las noticias positivas y tienen un comportamiento imprevisible ante acontecimientos favorables. Un paquete de medidas concreto puede ser leído de forma negativa mientras que un discurso grandilocuente por parte de un funcionario puede provocar un salto en las principales bolsas del mundo.

En ese escenario, variables como el PIB o la inflación pueden ser estimadas, pero con un margen de error mucho mayor que el habitual. Sin embargo, otras, como el riesgo país o el dólar, son como intentar medir el nivel del mar en medio de una tormenta. Decir que el dólar va a estar a $ 22 a fin de año, es una apuesta fuerte. Toda cifra es un ejercicio más parecido a la futurología que a la ciencia. Debemos aprender a convivir con esta niebla por un tiempo. Tengamos prudencia.

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