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Comenzó este martes en Sudáfrica la reunión cumbre de líderes de los países que conforman el BRICS, en la que se tocarán varios temas de importancia para el corto, mediano y largo plazo. Será la primera reunión presencial del bloque que reúne a Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, después de tres años de encuentros virtuales.

El presidente ruso Vladimir Putin participará por videoconferencia, ante el riesgo de que con su viaje se active la orden de detención de la Corte Penal Internacional en la causa que investiga la deportación de niños en zonas ocupadas de Ucrania.

Los que sí dirán presente en Johannesburgo son los presidentes Luiz Inácio Lula da Silva de Brasil, Xi Jinping de China, el anfitrión Cyril Ramaphosa y el primer ministro Narendra Modi de India, además de delegaciones de unos 70 países.

En los últimos días, una serie de artículos en los principales medios de comunicación occidentales demostraron la inquietud de las potencias del “Norte Global” por el posible crecimiento del bloque al que más de 20 países están interesados en unirse.

En muchos medios se especuló con la idea de cierta división del bloque sobre la conveniencia o no de ampliar la cantidad de participantes, citando incluso fuentes del ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil sobre una supuesta oposición brasileña a dicha expansión.

Pero unos días después, el presidente Lula da Silva en persona desmintió el rumor afirmando claramente que su país estaba de acuerdo con la ampliación del número de participantes. Algo similar ocurrió con la divulgación de rumores sobre una supuesta ausencia del primer ministro de India, Narendra Modi, a la reunión, pero su presencia en el evento se encargó de desmentirlo.

La preocupación de las potencias occidentales es comprensible porque resulta evidente que el peso económico de los BRICS crece constantemente y podría comenzar a amenazar su hegemonía global, que parecía indestructible tras el final de la Guerra Fría.

Hoy, la paridad de poder adquisitivo (PPA) del Producto Bruto Interno (PBI) de los BRICS ya supera la del G7. Según el FMI, para 2028, esta brecha debería aumentar al 33,7% frente al 27,8% actual. Con la esperada expansión del grupo, su ventaja será aún mayor. Más significativamente, desde el comienzo del conflicto en Ucrania, el Sur Global estuvo activo en cuestionar la posición privilegiada del “Occidente colectivo” y la narrativa de su “orden internacional basado en reglas”, en una especie de resurgimiento del “espíritu de Bandung”, la conferencia de 1956 en Indonesia que dio origen al Movimiento de Países No Alineados.

El presidente de Indonesia, Joko Widodo, hizo un llamado a sus ciudadanos para que dejen de usar las tarjetas de crédito Visa y Mastercard (“¡miren lo que le hicieron a Rusia!”), mientras implementa una estrategia de desarrollo nacional basada en la modernización de sus empresas estatales, en parte inspirada en la experiencia China. Indonesia solicitó ser miembro de los BRICS.

Mientras tanto, Arabia Saudita, aliado cercano de Washington durante décadas, está señalando la posibilidad de vender petróleo en yuanes a su mayor comprador, China, amenazando uno de los pilares de la dominación financiera estadounidense, el petrodólar.

El reino también busca diversificar su economía más allá del “oro negro”, contando con la asociación estratégica de Beijing para garantizar la importación de tecnología e infraestructura basada en su estrategia de crecimiento “Visión 2030”. Arabia Saudita también es candidata a ser miembro de los BRICS.

Por su parte, el presidente Lula da Silva cuestiona la hegemonía del dólar en el comercio internacional y propone la creación de una nueva moneda de reserva BRICS, mientras que el joven presidente de Burkina Faso, Ibrahim Traoré, subraya la urgencia de un plan para industrializar el oro y los tomates en su país, que ya no sólo quiere exportar materias primas a los países ricos.

Es un líder joven y popular en la región africana del Sahel, donde los golpes militares de los últimos años contaron con el apoyo del pueblo, que quema banderas francesas y está insatisfecho con la complicidad de su élite local en los planes neocoloniales de París.

En todo el Sur Global, de este a oeste, crecen las demandas de industrialización, desdolarización, acceso a tecnologías, transición energética, preservación del medio ambiente, soberanía nacional y fortalecimiento de las plataformas regionales multilaterales.

Si los BRICS son capaces de brindar soluciones concretas a algunas de estas demandas, podrán liderar esta ola global y consolidarse como una alternativa para el nuevo ciclo de desarrollo deseado por la “mayoría global”. Sin embargo, existen algunos desafíos que el bloque debe enfrentar.

Uno de los principales problemas a resolver es garantizar que la expansión necesaria mantenga la unidad y la capacidad para idear estrategias consensuadas, como el fortalecimiento del Nuevo Banco de Desarrollo (NDB) que debe todavía concretar su potencial, aumentando su capacidad de reunión de fondos (actualmente de sólo US$ 32,8 mil millones en ocho años) para convertirse eventualmente en un instrumento de desarrollo para el Sur Global.

Otro tema para resolver es la factibilidad de utilizar el fondo aún intocado (de US$ 100.00 mil millones) del Acuerdo de Reserva Contingente (CRA) para rescatar a países en crisis de reservas internacionales (por ejemplo, la Argentina, Ghana, Pakistán, Sri Lanka, Bangladesh), sirviendo como una alternativa al FMI con sus “trampas de la deuda”, que imponen medidas de austeridad como condición para otorgar préstamos, devastando las economías nacionales durante décadas.

También la construcción de una estrategia para crear alternativas al uso del dólar, vinculando el fomento del uso de monedas locales en el comercio global a la creación de una moneda de reserva, que tampoco es fácil de implementar, debería ser otra de las preocupaciones del grupo a mediano y largo plazo.

Forma parte también de los desafíos del grupo la cooperación y la transferencia de tecnología para apoyar la reindustrialización de países como Brasil y Sudáfrica, especialmente en sectores estratégicos como biotecnología, TI, IA, energías renovables, vehículos eléctricos y refinación local de materias primas, como el litio y el cobalto.

Finalmente, ¿cómo podrán los BRICS convertirse en una herramienta para fortalecer las plataformas regionales (UNASUR, CELAC, Unión Africana, ASEAN y Unión Económica Euroasiática)?

La consolidación de esas plataformas permitiría una escala suficiente para un proyecto de desarrollo sólido y para cambiar su equilibrio de poder con el Norte Global.

Hace exactamente 10 años, los BRICS se reunieron en Durban, también en Sudáfrica, en una cumbre histórica donde se decidió crear tanto el NDB como la CRA, las instituciones más importantes jamás creadas por el grupo. Sudáfrica vuelve a ser escenario de la cumbre más esperada en la historia de los BRICS que podría elevar el peso económico y político del grupo.

(The Peoples Dispatch y agencias)

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