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La que se inaugura mañana jueves es la muestra más importante, por la cantidad y calidad de sus piezas, de Pablo Atchugarry, uno de los escultores contemporáneos más reconocidos en el mundo. Anoche estaba previsto se realizara la presentación especial para un grupo de coleccionistas y críticos de ese conjunto de 56 piezas en mármol, bronce y madera, así como un conjunto de óleos sobre tela.

Se expone también un video con el escultor trabajando la piedra. Hay además una muestra de las herramientas del escultor y de los libros que se han publicado sobre su obra. Más allá de los textos de rigor, a cargo de los curadores Gilberto Habib Oliveira y María Lucia Montes, hay un poema que escribió Oliveira, en mayo de este año, en Punta del Este, cuando fue recibido en la Fundación Pablo Atchugarry, de Manantiales. En él compara al uruguayo con Fidias y Michelangelo y dice que a los tres los ha creado la naturaleza como “cómplices de la materia”.

Las obras fueron traídas a San Pablo, en un esfuerzo logístico que lleva tres años de planificación, desde Uruguay, Estados Unidos, Bélgica, Italia y desde otras ciudades de Brasil. Entre ellas hay obras que superan la tonelada de peso. Nadie es capaz de decir cuánto costó el esfuerzo.

El lugar no es casual. El Museu Brasileiro da Escultura (MUBE) es el espacio más prestigioso del hemisferio sur en cuanto a esculturas se refiere. Para su director, Jorge Federico Landmann, presentar esta colección es un orgullo: “Hace cinco o seis años expusimos unas pocas piezas de Atchugarry y desde entonces empezamos a pensar en hacer algo más importante. Lo decidimos en 2011 y estamos muy satisfechos, porque es uno de los escultores más importantes de nuestra época. Transforma el mármol en papel: saca una piedra bruta de la naturaleza y devuelve esa cosa maravillosa. Era nuestra obligación hacer una exposición de este nivel”, enfatiza, rodeado de obras de arte talladas en mármol.

El escultor también está exultante. “Este es el momento de mayor felicidad, con la obra reunida alrededor”, dice a El Observador en esa sala inmensa, poblada de sus creaciones.

Es un momento interesante y efímero, en la rutina de un hombre que trabaja a un ritmo poco creíble, con jornadas extenuantes que siempre superan las 12 horas, sin detenerse los fines de semana. A sus 60 años de edad, ha creado un conjunto de obras que superan las 1.800 piezas, una buena parte de ellas en mármol, algunas de ellas monumentales, a las que hay que colocarles tres pisos de andamios.

No es un arquitecto que dibuja sobre un plano, sino que trabaja él mismo la piedra, a veces con una idea muy somera de qué es lo que quiere descubrir.
Hasta el 21 de setiembre, entonces, es la oportunidad de asistir a este Viaje a través de la materia sin tener que dar la vuelta al mundo.
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