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Pocos lugares podrían haber resultado más a la medida que la Dirección Nacional de Registro Civil, para alojar Las 8 horas, la obra bajo la dirección y la autoría de Juan Ignacio Fernández y Carlos Schulkin que gira en torno a cinco personajes arquetípicos absorbidos por la burocracia que ellos mismos generan.

Sin lugar a dudas, la pieza no surtiría el mismo efecto si se realizara en la sala de un teatro convencional. La dejadez de las paredes, la frialdad del piso y la sobria distribución del lugar, contribuyen en buena medida a transportar al espectador a un entorno absorbido por la rutina.

Pero no es el único acierto de la puesta. Para empezar, la obra que seguirá todos los miércoles de julio y agosto cuenta con un exquisito punto de partida: Bartleby, el escribiente, uno de los más célebres relatos breves de Herman Melville, que data de mediados del siglo XIX y es considerado precursor del existencialismo y de la literatura del absurdo.

Bajo la misma temática de este relato breve que trata sobre las vicisitudes del ser humano cuando se deja estar en la vida, los jóvenes dramaturgos uruguayos cuentan la historia del último día de trabajo en un imaginario Centro de Observaciones Detalladas de la Conducta Humana. Allí trabajan cuatro seres llenos de desilusión y un misterioso nuevo empleado de pocas palabras que, sin proponérselo, romperá todo orden establecido.

Aunque uno de los méritos de la puesta es el funcionamiento del elenco en su conjunto, se destaca la composición del personaje de Federico Torrado, que encarna al veterano Fleitas, el típico burócrata inquebrantable que cree que su antigüedad en la oficina le da derecho a pegarse siestas después del almuerzo, o a dirigirse a sus compañeros masticando un escarbadientes. La postura y los gestos logrados por Torrado ya fueron vistos infinidad de veces en algún monstruo estatal.

La escenografía a cargo de Leandro Garzina, Florencia Francia y Gonzalo Firpo, realizada íntegramente a base de cartón, desde los escritorios, hasta las plantas, los retratos y los platos de comida de cada uno de los personajes, constituye en sí misma un trabajo artístico digno de apreciación.

La ambientación supo estar en los detalles y veló por la presencia de objetos reconocibles en cualquier oficina pública desde el retrato de un prócer, hasta las típicas banderas patrias o las plantas marchitas que suelen quedar olvidadas en un rincón, pero materializadas en una tonalidad sepia que descontexualiza su existencia y refuerza su dejadez.

El vestuario añejado y desalineado, a cargo de Amparo Alonso y Olga Enríquez, también otorga otro toque refinado cargado de simbolismo, que da cuenta de un mundo en decadencia, sin sentido, y poco funcional.

Las 8 horas también está llena de frases absurdas con alta cuota de realidad, capaces de robarle al espectador varias carcajadas. Un ejemplo es el “estate quieto” que le estampa la secretaria de la oficina (Camila Sanson) al nuevo empleado (Ignacio Cawen) que es visto como una amenaza. “Esta habitación ha sido declarada libre de incertidumbre. ¿Comprende? Acá la física pega un giro, nos rodea y sigue de largo. Acá no hay átomos de oxígeno que puedan decidir de un segundo al otro, salir disparados por esa puerta y dejarnos morir ahogados en el vacío. Acá nadie tiene un ataque repentino, ni sufre de pánico, ni nada. Acá nadie se muere”.

En definitiva, esta puesta a cargo de estudiantes y egresados de la EMAD, constituye, por su alto grado de realismo llevado al absurdo, un atractivo de la cartelera montevideana, que seguro hará al espectador permanecer inquieto en la butaca y ávido de comentarios una vez que la función haya terminado.

FICHA TÉCNICA:

Autoría y dirección: Carlos Schulkin , Juan Ignacio Fernández Hoppe.
Elenco:
Camila Sanson, Luis Musetti, Federico Torrado , Yamandú Barrios e Ignacio Cowen .
Funciones: miércoles y jueves de junio y julio a las 21 horas. La entrada es gratuita pero se requiere reservar al teléfono 098 387 126.

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