La colosal corrupción en Petrobras y una delicada situación económica que tiende a agravarse derrumbaron a un escaso 7,7 % la aprobación del gobierno de la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, según un sondeo divulgado ayer. Además, la mayoría de los brasileños (62,8%) continúa a favor de un juicio de destitución de la mandataria.

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En medio de un difícil panorama político y económico, el poder ejecutivo registró una reprobación de 70,9%, su nivel más alto, según el sondeo realizado por la firma MDA por encargo de la Confederación Nacional del Transporte (CNT).

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Mientras las revelaciones de una gigantesca red de corrupción en la estatal Petrobras agregan incertidumbre política y la economía no da señales de recuperación, la mandataria cuenta con el aval de apenas el 15,5% de los encuestados. Y un 79,9% reprueba su desempeño personal en el cargo.

El bajo nivel actual viene precedido del desplome registrado en el sondeo precedente de marzo, cuando el respaldo al gobierno del Partido de los Trabajadores (PT, izquierda), fundado por Luiz Inácio Lula da Silva, bajó 30 puntos de un golpe hasta 10,8%.

Antes de las elecciones de 2014, que la mandataria ganó ajustadamente, el gobierno del PT contaba con la simpatía del 41% de los consultados. La mejor consideración histórica para el trabajo que elabora MDA es del 57% de respaldo en julio de 2012.

El pasado 1° de julio, cuando se cumplían seis meses del inicio del segundo mandato de Rousseff, un sondeo del Instituto Ibope situó el apoyo al gobierno en un 9%, 10 días después de que otro de la firma Datafolha lo hubiera ubicado en un 10%.

En todos los casos, las encuestas identificaron como uno de los factores del malestar el impacto de los escándalos en la estatal Petrobras, por el que se investiga a medio centenar de políticos que en su mayoría pertenecen a la base de apoyo a la mandataria.

En esa trama participaron también directivos de varias de las más importantes empresas privadas del país, que eran beneficiadas con contratos amañados en la petrolera y luego repartían parte de sus ganancias con los políticos que amparaban esas ilegalidades.

Según admitió la propia petrolera en sus balances, la vasta red de corrupción tejida alrededor de sus negocios le causó pérdidas equivalentes a unos US$ 2.000 millones en la última década.

Destitución

Además, Brasil lleva más de cuatro años de crecimiento económico bajo o nulo y las proyecciones oficiales y privadas indican que se contraerá entre 1,5% y 1,7% en 2015. Esa correlación se expresó en el 60,4% de personas para quienes la crisis económica es el problema más grave de Brasil. En segundo lugar está la crisis política, con un 36,2% de las respuestas.

El sondeo puso en números el impacto sobre el Ejecutivo de la saga de corrupción que generó tensiones en la relación entre el gobierno y el Congreso, y entre el legislativo y la corte suprema, que juzgará a los políticos con fueros que son investigados por este escándalo conocido como "Petrolao".

El 69,2% de los consultados responsabiliza a Rousseff por ese escándalo –pese a que no es indagada por la Justicia– y el 62,8% dijo estar a favor de un impeachment (destitución) de la mandataria.

Entre marzo y abril, el gobierno tuvo dos multitudinarias manifestaciones en contra, que tapizaron decenas de ciudades y recalentaron el clima político, que nunca cedió tras las presidenciales. Y ya las principales organizaciones civiles que articularon esas protestas convocaron a una nueva marcha para el 16 de agosto.

Rápido de reflejos, el Movimiento Brasil Libre, una agrupación que se reivindica como una "derecha liberal clásica" llamó a manifestar el próximo mes a través de su cuenta de Facebook, donde cita el sondeo de MDA: "63% aprueba el impeachment de Dilma Rousseff. Ya hay base jurídica, hay apoyo popular (...) No vamos a pagar la cuenta del PT".

Desgaste

El acelerado desgaste de Rousseff, quien fue reelecta en octubre del año pasado con un 51% de los votos, ha comenzado a reflejarse en la amplia y variopinta coalición de nueve partidos que apoya al gobierno, algunos de los cuales se plantean la posibilidad de dar un paso al costado y pasar a engrosar la oposición.

Es el caso del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), liderado por el vicepresidente Michel Temer, que constituye la principal fuerza electoral del país y en el que cada vez más voces exigen una ruptura con el gobierno de Rousseff.

Aunque Temer minimizó esa posibilidad, el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, otro influyente y polémico líder del PMDB, anunció que la planteará durante una convención que ese sector celebrará en setiembre.
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