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Sería un milagro que nos fuera bien en un tipo de pruebas como las PISA. La edad que toma como referencia, 15 años, en Uruguay es una edad bastante crítica a nivel educativo. Pero esto no en desmedro de PISA, al contrario. Salvo en la Universidad del Trabajo del Uruguay (UTU), la educación secundaria es un gran desastre, una catástrofe nacional.


En Uruguay todavía se enseña por el viejo sistema de asignaturas separadas, mientras que pruebas internacionales como PISA evalúan procesos de materias integradas y ponen ejercicios para captar el grado de resolución en competencias para la vida, que es lo valioso de este tipo de exámenes. Medir si las personas aprendieron lo básico para enfrentar la vida y el mundo del trabajo.


Pero más allá del internacional, también es importante realizar la evaluación de medirnos con nosotros mismos, con las pruebas anteriores, y también hacia épocas anteriores. Basta mirar para atrás para ver los altos niveles de eficiencia de la educación pública uruguaya. En las últimas décadas hemos vivido un preocupante proceso de deterioro en la calidad educativa.


De todos modos, soy optimista. Porque incluso dentro de estos malos resultados seguimos encontrando, aunque cada vez menos, niveles de excelencia dentro de los resultados de PISA, resultados muy parecidos o en algunos casos mejores que los de los países de los primeros lugares. ¿Cuál es la señal en eso? En Uruguay podemos hacer las cosas bien, pero el problema es que está fallando el sistema.

(Observa)

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