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Fernando antes Amado”, escribió un frenteamplista en su cuenta de la red social Twitter luego de la interpelación del jueves 7 al ministro del Interior, Eduardo Bonomi. El mensaje tiene que ver con la expectativa que había generado el parlamentario colorado en la izquierda y en sectores liberales luego de sus posturas a favor de la despenalización del aborto y del matrimonio entre personas del mismo sexo. En aquellas instancias, las redes sociales hartaron con mensajes de felicitaciones del tipo “no soy de tu partido, pero estoy contigo”.

Ese romance se terminó tras una interpelación en la que Amado asumió como suyo el discurso sobre seguridad pública que viene pregonando el líder de su sector, el senador Pedro Bordaberry, y exhibió errores de información que le permitieron a Bonomi salir airoso del llamado a sala.

Amado representa, o representaba, el costado más emparentado con la ortodoxia batllista dentro de Vamos Uruguay. A las ideas liberales ya antes mencionadas, a Amado se le conoce una aplicación por la lectura que lo llevó a escribir varios libros de éxito.

Su contracara en Vamos Uruguay quizás sea la del diputado Juan Angel Vázquez, quien propicia proyectos de ley como la creación del Día del Perro Policía y dice cosas tales como que no escucha a Alfredo Zitarrosa porque era un “canta agravios”, al que solo le importaba arrimarle votos al Frente Amplio.
La peripecia de Amado –y el riesgo de que empiece a ser visualizado como uno más dentro de Vamos Uruguay– es solo un ejemplo de las dificultades a las que se enfrenta este partido que tuvo su debacle electoral en 2004 cuando sacó el 10% de los votos.

Si bien cinco años después Bordaberry lo levantó del piso y lo llevó a un 17%, nada asegura que ese repunte se consolide.
Para empezar, al Partido Colorado le está haciendo falta una pata “batllista clásica” que equilibre al bordaberrismo, más familiarizado con las posturas conservadoras que, en los años pre y post dictadura encarnó Jorge Pacheco Areco.

El grupo Propuesta Batllista (Proba), que encabeza el senador José Amorín, busca ocupar ese espacio y se las ha arreglado para tener presencia mediática con asuntos como la denuncia de nacionalidad contra el ministro de Salud, Jorge Venegas.

Pero pese al correcto desempeño parlamentario de Amorín, el Proba es aún franca minoría en el partido y apenas ha podido despegarse de la hegemonía de Bordaberry.
El Proba manejó en su momento la posibilidad de oponerse a la baja de la edad de imputabilidad pero después resolvió sumarse a la campaña. Y esa propuesta –la de aplicarle a los menores de 16 años el código penal de los mayores– es la principal arma política de Bordaberry.

Haciendo pie en un estado de opinión pública que pide mano dura con la delincuencia, el senador de Vamos Uruguay se subió a ese tren y obligó a abordarlo a los blancos de Unidad Nacional.
Generó con ello un hecho político que lo tuvo como uno de los principales protagonistas a lo largo de 2012 con la exitosa campaña de recolección de firmas que habilitó un plebiscito junto a los próximas comicios, y en el 2014 lo usará como ariete durante la campaña electoral.

No obstante, esta estrategia lo obliga a estar pendiente de un único tema que, sin bien hoy preocupa mucho a los uruguayos, puede perder fuerza si el INAU sigue esmerándose en evitar fugas y si la violencia sigue tomando otros rubros en donde los menores no tienen un papel protagónico. Por otro lado, el Partido Nacional defenderá su lugar como principal partido opositor con dos corrientes fuertes encabezadas por Jorge Larrañaga y Luis Lacalle Pou. No la tiene fácil Bordaberry.
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