La encrucijada de Sendic
Los múltiples cuestionamientos al vicepresidente lo dejan en una situación difícil de sobrellevar
Si el informe del tribunal de ética del Frente Amplio es desfavorable a Raúl Sendic, como ha trascendido aunque sin confirmación oficial, el prestigio no solo de esa fuerza sino de todo el sistema político en materia de transparencia aconseja que el vicepresidente renuncie sin esperar el pronunciamiento del Plenario de la alianza de izquierda. Pese a la decisión anunciada por Sendic de resistir ese curso, lo sustentan varias razones que contrapesan el impacto de una dimisión del número dos en la sucesión del gobierno.
La posición de Sendic se ha ido deteriorando desde que El Observador reveló la inexistencia del título de licenciado que utilizaba. Se agregaron las denuncias de los cuatro partidos de oposición sobre presuntas irregularidades en ANCAP cuando presidía el ente, tema que está en manos de la Justicia. Y recibió un golpe adicional con el uso de la tarjeta de crédito corporativa de ANCAP.
Este tema fue puesto en manos del Tribunal de Conducta Política del Frente Amplio. Su dictamen generó un torbellino de múltiples reuniones de preocupados dirigentes frenteamplistas, del presidente Tabaré Vázquez para abajo, para evaluar el caso, en medio de posiciones divergentes sobre la permanencia de Sendic en el cargo. Pero al margen del fallo del tribunal de ética, los múltiples cuestionamientos al vicepresidente lo dejan en una situación debilitada y difícil de sobrellevar. El espinoso asunto irá ahora al Plenario para que decida respecto del informe del tribunal interno. Si concluye que Sendic es responsable de alguna acción inapropiada puede llegar a desafiliarlo del partido, aunque no está facultado para otro tipo de sanciones.
Pero el manejo del caso por el Plenario es de definición incierta. Por un lado cualquier decisión adversa requiere una mayoría especial de cuatro quintos, o 140 de los 175 miembros de ese cuerpo, que dista de estar asegurada, ya que hay sectores que mantienen por ahora respaldo oral al vicepresidente y que pueden bloquear en el Plenario cualquier forma de reprobación o castigo.
En esta situación parecen estar el Movimiento de Participación Popular del expresidente José Mujica, el bloque mayor del Frente Amplio, y el Partido Comunista. Pese a su escaso caudal electoral, esta fuerza tiene en las bases una representación suficiente para impedir que se obtenga la mayoría especial requerida.
A diferencia de quienes respaldan a Sendic, otros sectores frenteamplistas se han distanciado. Incluyen al Partido Socialista, la Vertiente Artiguista, el Partido Demócrata Cristiano y Asamblea Uruguay. La indecisa confusión reinante en la alianza de izquierda abarca hasta al propio Vázquez. Pasó en pocos días de una encendida defensa del vicepresidente a tomar distancia e implicar que si presentara su renuncia, le sería aceptada, aunque en una tercera intervención pública argumentó que sus palabras fueron mal interpretadas.
El caso obviamente impacta en los cálculos electorales de todos los partidos. Pero mucho más importante es su efecto en la transparencia. Demasiados elementos se han acumulado en contra de dilatar la definición de una situación que, de seguirse prolongando, profundizará las sospechas de la ciudadanía sobre la credibilidad del sistema político. La respuesta a la encrucijada que lo asedia y que incide en toda la estructura partidaria está, obviamente, en manos del propio Sendic.