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El acto de cambio de autoridades en la Asociación Rural del Uruguay (ARU) demandó el lunes 1° menos de media hora en la sala principal de la vieja sede de la avenida Uruguay, pero dejó espacio para las emociones.
Nadie esperaba grandes anuncios porque no son de estilo en la ARU y, como siempre, los que acompañaron la ceremonia esperaban ver el ritual de traspaso de la campanilla.

Eso fue lo que hizo el presidente saliente de la más que centenaria gremial ruralista, José Bonica, al dejarla en manos de Rubén Echeverría, “la estrella de la noche”.

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Previamente, Bonica agradeció a todos al remarcar “el trabajo en equipo” que realizaron durante dos años de gestión. “La ARU y el país se lo agradecen”, acotó.

Sin olvidar el apoyo de las familias “que permiten concretar tareas”, Bonica dijo que los nuevos directivos “son el aire fresco” en una gremial que “en más de 142 años de vida ha sabido acompañar los tiempos”.

Enseguida aconsejó a Echeverría “ni ir deprisa ni ir despacio”, sino “acompasar los tiempos”.

El momento esperado llegó cuando Bonica dijo que la ARU “pone la mayor confianza” en Echeverría y agregó que era “un gusto y un honor” entregar la campanilla “que significa conducir” a la gremial. Así se concretó también la primera emoción de la noche.

La segunda emoción llegó cuando Echeverría, de 57 años, de profesión perito agrónomo, egresado de la Escuela Agrícola Jackson, casado y con dos hijos, recibió “con honor y orgullo” la campanilla, que prometió “custodiar, y llevar adelante” la conducción de la gremial.

Echeverría elogió a Bonica, al decir que es “una persona intachable y transparente”, y prometió “seguir tu ejemplo” aplicando su mismo “sentido común”.

Por último, la emoción volvió cuando el nuevo presidente de la ARU recordó a su padre Rafael Rubén Echeverría, que “nos marcó, nos mantuvo unidos (a los cuatro hermanos), nos hizo querer la tierra, no por su valor sino por el trabajo”. El abrazo de su madre y los aplausos cerraron el acto.
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