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Fiel a su estilo, Cristina Kirchner buscó sorprender y generar un shock político. Lo logró sobradamente: el anuncio sobre la estatización de la petrolera YPF llegó justo cuando todos los medios de comunicación, la propia Repsol y el mismísimo gobierno de España creían que había ocurrido una “marcha atrás” en el proyecto y que se abriría una instancia de diálogo.

El anuncio confirmó, además, que la opción elegida no fue una de las “suaves” que proponían los funcionarios del ala moderada.

En vez de tomar una porción minoritaria de las acciones y compartir la gestión con Repsol, Cristina anunció que el 51% pasaría a ser de propiedad estatal, que todas esas acciones serían expropiadas a la controlante española, y que inmediatamente se iniciaría una intervención que sustituirá a toda la plana directriz de YPF.

Pero esta vez, no hay que descartar que (tras la habitual euforia con clima de tribuna en la que fue realizado el anuncio) la sorprendida haya sido la presidenta argentina, porque la reacción internacional fue inmediata y de una dureza inusitada.

El gobierno español confirmó que considera la expropiación como una medida hostil no sólo hacia una empresa sino hacia España. El canciller José García Margallo, visiblemente irritado, recordó que su país había ayudado a Argentina durante su peor momento, tras el colapso financiero de 2001, y que esta medida argentina no solamente implicaba una ruptura en términos económicos, sino también del lazo fraternal entre los dos países.

Los analistas internacionales consideran que, con el anuncio de ayer, la política exterior argentina ingresa en una fase decididamente “chavista”.

“Argentina vuelve a dar un paso que la acerca a los gobiernos regionales del ALBA liderados por Venezuela y alejarse más de los de centroderecha o los de izquierda moderada o socialdemócrata”, afirmó el politólogo Rosendo Fraga.

Además de la justificación sobre la caída de la inversión realizada por Repsol, Cristina insinuó que el faltante de nafta ocurrido a mediados del año pasado, en plena campaña electoral, podría haber sido intencional, con la finalidad de perjudicarla políticamente.

“Los españoles ya están insinuando que hay una influencia bolivariana. Y la propia actitud de la presidenta argentina implica un gesto defensivo, porque ella en su discurso se ve obligada a aclarar que no se trata de una estatización y además se sintió en la necesidad de justificar por qué lo hacía”, comenta Emilio Cárdenas, ex embajador argentino ante las Naciones Unidas.

Lo cierto es que por estas horas queda muy claro que el gobierno español no captó ese matiz que Cristina Kirchner quiso destacar. Es más, el hecho de que no se haya realizado una estatización completa “a la Chávez” sino una captación parcial de acciones de Repsol, no sólo no es vista como un atenuante por los españoles sino como un agravante.

José Manuel Soria, el ministro de industria del gobierno de Rajoy, protestó por el hecho de que no se nacionalizan todos los recursos hidrocarburíferos, sino sólo los de YPF, que tiene 30% del mercado. Pero además, dentro de YPF, sólo se expropiarán las acciones de Repsol y no las de los otros socios privados, como el grupo argentino Eskenazi y los fondos de inversión estadounidenses.

Considerando esta situación, los españoles consideran la medida como “hostil y arbitraria”.

Contraofensiva demoledora
¿Qué tan graves pueden ser las consecuencias para Argentina? A juzgar por las declaraciones del canciller español, es como para tomarlas en serio: señaló que la medida de estatizar YPF perjudicará, en primer lugar, al pueblo argentino.

Un primer indicio es el hecho de que España haya decidido no ingresar en el diferendo en soledad, sino arrastrar en su reclamo a toda la Unión Europea.

En nombre del bloque será que se hagan los reclamos ante los tribunales internacionales. Y probablemente también el conjunto europeo adopte eventuales sanciones comerciales.

Los economistas argentinos sacaron a relucir estadísticas inquietantes. España le compra a Argentina US$ 3.000 millones en productos de exportación. Es el quinto comprador si se lo considera en forma individual. Pero si se toma en bloque a la Unión Europea, ésta es el segundo socio comercial, cliente de 17% de todas las ventas argentinas.

Para peor, en rubros estratégicos del comercio argentino, como la agroindustria, y particularmente la soja, los europeos demandan 30%o del producto estrella argentino, superando por amplio margen a China, usualmente percibido como el gran comprador de la soja argentina.

Como muestra de la irritación y la desconfianza que existe en España, los medios de ese país comenzaron a sembrar dudas respecto de si otras empresas con capitales ibéricos podrían llegar a ser discriminadas.

España fue en los años ‘90 el principal inversor extranjero, y gastó US$ 25 mil millones en una masiva compra de empresas, desde los teléfonos hasta bancos, pasando por medios de comunicación, aviones y varios servicios públicos.

Es por eso que la actual ruptura con España es vista como uno de los incidentes diplomáticos más graves de la historia reciente. Además de extenderse a los 27 países de la Unión Europea, el conflicto podría alcanzar a otros países latinoamericanos.

Por lo pronto, seguro afecta a México, que tiene 5% de Repsol, y el propio canciller español anunció que el tema estará en la agenda de la próxima reunión entre los presidentes de ambos países. Pero también hay inquietud en Chile, dado que YPF es socio de la petrolera nacional ENAP.

Y, por cierto, el incidente ocurre cuando 40 países acaban de denunciar ante la Organización Mundial de Comercio a Argentina por aplicar medidas reñidas con prácticas comerciales.

El analista internacional Jorge Castro destaca que, tras esta medida, hay un salto cualitativo en la política exterior argentina: “Hasta ahora, se consideraba que el país estaba aislado del mundo, pero a partir de hoy pasamos a una actitud de confrontación abierta”.

Paradójicamente, hay una sensación de que Cristina Kirchner hasta le pudo haber hecho un favor político al atribulado Rajoy, que encontró de esta forma una causa nacional en la que la opinión pública lo respalde, olvidando por un momento el pavoroso desempleo y la acechanza del fantasma del default.

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