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Hace 27 años, Nueva Zelanda inició un proceso de reformas liberales que implicó la transformación del Estado, la eliminación de los aranceles y subsidios, la privatización de empresas públicas y la flexibilización del mercado de trabajo.

Acerca de esa experiencia y sus resultados expusieron este lunes en Montevideo parlamentarios de los dos principales partidos neozelandeses.

“Cuando Gran Bretaña se unió a la Comunidad Económica Europea en 1973, todo cambió, porque hasta ese momento, Nueva Zelandia era un país bastante rico, porque Gran Bretaña nos compraba todo lo que producíamos, en particular la producción agropecuaria, y a muy buen precio” dijo Lockwood Smith, Presidente del Parlamento de Nueva Zelanda y representante del Partido National.

Agregó que “cuando cambió la situación de nuestro comprador, se hicieron unas primeras reformas, porque no teníamos ese mercado asegurado, y entonces tuvimos que hacer cambios para fortalecer la manufactura y la propia industria, pero lo hicimos instaurando mecanismos proteccionistas. El resultado fue claramente desastroso”.

Tras 11 años, “la economía del país estaba en grave crisis”, dijo Smith, “porque las industrias protegidas simplemente no eran competitivas. Inclusive subsidiábamos al sector agropecuario, nuestra principal producción. Si un país subsidia el principal componente de la economía, eso es la prueba más rotunda de que el sistema no funciona”, aseguró

Smith se refirió al impacto del proteccionismo en la industria. “En los 70 Nueva Zelanda intentó desarrollar la industria vitivinícola. Se le trató de proteger con aranceles del 40% para frenar las importaciones. Y el vino que hacíamos era un vino espantoso, no se podía exportar. Ni siquiera nuestra gente lo quería tomar. Como consecuencia de este desastre, en 1985 se liquidó el proteccionismo de esa industria, pero el gobierno ayudó a que los vitivinicultores se reciclaran. Desde entonces la industria del vino está abierta a la competencia internacional y ahora ha crecido al punto que es el vino más caro en Gran Bretaña. De modo que no hay nada mejor que concentrarse en la competencia del mercado para mejorar”.

“En los primeros tres años del gobierno se veía que se había dinamizado la economía, y la gente entonces se entusiasmó. La gente veía oportunidades, y nuestro partido fue reelecto incluso con votantes que no eran de nuestro partido. Las reformas tuvieron costo, claro, porque hubo 350.000 desempleados, que en una fuerza laboral de 1.300.000 es una cantidad muy importante. Por lo tanto, la conclusión es que el elector, en un determinado momento, consideró que las reformas fueron demasiado extremistas, y el electorado pidió que fuera todo más moderado, consideró Maryan Street, del opositor Partido Laborista e inicial impulsor de las reformas.

Por su parte, Paul Hutchison, del Partido National, opinó que “una de las claves es el contraste con Australia, que se movió en forma más continuada. Para mí la clave del éxito es tener una estrategia a mediano y largo plazo y tener al público con nosotros. Es fundamental evitar el populismo, y ser absolutamente transparente, responsable”, subrayó.

En tanto, Stuart Nash, representante del Partido Laborista, indicó que “antes, muchos jóvenes podían trabajar en trenes, correos, pero con estas reformas, muchas de las oportunidades desaparecieron para jóvenes sin mucha capacitación, en especial para los indígenas y para los inmigrantes de las islas del Pacífico. Entre 1999 y 2008 el salario mínimo apenas creció de US$ 7,50 por hora a US$ 12,50”.
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