Apenas bajé del tren, que en poco más de dos horas me dejó en la estación Euston de Londres, empecé a entender por qué, hace poco más de un mes, un uruguayo que está radicado en Londres me contaba que las autoridades de la capital británica les pedían a los londinenses que se tomaran vacaciones durante los Juegos Olímpicos y abandonaran la ciudad. La iniciativa no tenía otro objetivo que brindar a los visitantes el espacio que habitualmente ocupan los británicos, a fin de que los extranjeros pudieran disfruta sin angustias ni estrés de una de los rincones más bonitos del planeta, mientras alternaban paseos con las mejores competencias deportivas del planeta.
La frenética Londres
El cambio de Manchester a Londres obligó a abandonar las ventajas de una ciudad pequeña ajena a los Juegos Olímpicos para ingresar en una capital superpoblada de visitantes circunstanciales