El drama está servido. El poeta muere en 2005 y deja entre sus pertenencias una serie de escritos. La viuda y los hijos de sus últimas dos esposas deciden ponerlos en custodia de la biblioteca estatal, contra la opinión de los hijos de la primera esposa. El director de la biblioteca estuvo preso junto con uno de los hijos mayores, en épocas de militancia clandestina en un movimiento guerrillero que desafió el orden establecido. Las acusaciones del heredero son muy duras: contra la persona del director, contra la institución que dirige y contra el acto de desatender la voluntad de esa parte de la familia. El director replica que el único interés que lo mueve es el de preservar un acervo que se perdería o se dividiría en manos de una familia enfrentada.
La herencia perversa
El poeta murió en 2005 y dejó escritos inéditos, cartas, fotografías y una vasta biblioteca que ahora está en litigio