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Salió hace unos meses y no tardó en convertirse en objeto de más de una crítica favorable: para los admiradores de La hermana menor -banda musicalmente amorfa- tanto como para los disidentes, Canarios fue el nombre de una sorpresa grata. Lo presentan oficialmente esta en la noche de este jueves a las 21 horas, en La Trastienda. Si sirve de señal, el álbum será algo para no perderse.

Con un sonido explícitamente distinto al noise rock y la psicodelia de sus lanzamientos anteriores, Canarios representa un punto de inflexión en la carrera de una banda que ha sabido cambiar tanto de integrantes como de sonido. Pero todo ha sido en nombre de la evolución y, como bien señala Tüssi Dematteis, líder del ring, La hermana menor se encuentra hoy mejor que nunca. Emigraciones y diferencias artísticas -y pocas veces personales- han ido cambiando la plantilla de este grupo casi tan popular como under -sus temas, al final, suenan en Oceano FM-. Y hoy en día, con siete integrantes, La hermana menor goza de una estabilidad artística e interpersonal que le permite desarrollarse creativamente como pocas veces ha podido. Eso es crecer.

Tüssi Dematteis, figura perenne de Ciudadela y la rambla, de gorro verde y lentes casi demasiado oscuros, es La hermana menor. Claro que, como no tarda en aclarar él mismo, el grupo no existe sin los demás, pero tampoco existiría sin él. Canarios tiene tanto de musical como fotográfico. Presenta pequeños retratos geográficos, de momentos capturados por una lírica que fluctúa entre realismo y abstracción y melodías inquietantes. Con nombres propios -Laura, Isa- y escenas concretas -un paseo por Parque Rodó, una expulsión del Conrad-, las letras dan testigo de una relación íntima con un entorno y las experiencias vividas en él.

Con cierta cuota de autobiografía como punto de partida, las letras han ocupado siempre el mismo lugar a lo largo de la vida de LHM: detrás de la música. “Esa fue siempre la única constante”, afirma Dematteis. Si bien tienen significado y se intenta crear una unidad lírica en el disco -Parque Rodó, El muelle, La avenida de los Ginkgos-, la música viene primero.

Y es en esta etapa cruda, de parto, que nacen las melodías y los arreglos. Por lejos el momento favorito de todos, el momento de composición adquiere vida propia al estar llevado a cabo por un grupo de artistas acostumbrados a liderar: Ezequiel Rivero con Amelia, Pol Sónico de The Supersónicos y José Nozar, como parte de Buenos Muchachos, por ejemplo.

Mientras, Tüssi escribe, compone y se dedica a proyectos que aún no ha analizado nadie. Como cualquier artista, su relación con Montevideo tiene su matices. Considerar que la escena musical esté en decadencia -compara la sobreoferta musical con la de los ciber cafés, obsolescencia y todo- no quita el cariño con el que lleva a cabo su propia vida creativa.
Esa opinión convive con el objetivo -¿realizado?- de tener una banda como segundo trabajo, cuyos ingresos sirvan, si nada más, para costear “un regalo más lindo para mamá”. Y de que esto lo hace con amor, no cabe duda. El desengaño que le merece la digitalización del arte desaparece al hablar de su propia música; la expresión se le suaviza y pone cara de quien habla de un amante. El goce lo transmite también en palabras y, más que nunca, en el disco que presentará junto a su banda, afianzada y dinámica, este jueves en La Trastienda.

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