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El recordado caso de los vinos envenenados volvió a los titulares en las últimas horas a raíz de la detención de la ex comisaria María Lemos, acusada de ser la autora material del atentado contra la cúpula del Partido Nacional en 1978, pero puesta en libertad por la jueza Gabriela Merialdo al no reunir pruebas contundentes. El hecho le costó la vida a la mujer del ex senador nacionalista Mario Heber, Cecil Fontana, madre del actual senador Luis Alberto Heber (Herrerismo).

Además de Heber, Luis Alberto Lacalle y Carlos Julio Pereyra recibieron el 28 de agosto de ese año una botella de vino blanco –variedad Riesling- en la puerta de su casa, sin identificación del autor y con una carta que los invitaba a festejar por la “patria en u su nueva etapa” el 31 de agosto al mediodía. Se presume que esa nota fue escrita por Lemos con un bolígrafo de tinta azul sobre una cartulina blanca.

En diálogo con Observa este viernes, Carlos Julio Pereyra recordó que la Policía de la época –plena dictadura cívico militar- “no condujo a nada” la investigación porque “no se hizo correctamente”. “Más bien fue una farsa para disimular la situación, por eso la verdadera investigación es ahora”, dijo el ex legislador blanco. En 2007 Pereyra pidió a la Justicia que se desarchive la causa.

El fundador del Movimiento Nacional de Rocha consideró que este episodio puede ser la “punta del hilo” que conduzca a los responsables del atentado. “A esta señora alguien le ordenó redactar las tarjetas, y naturalmente tuvo que haberlo hecho con la complicidad de los jefes militares”, declaró Pereyra.

Al ser consultado a casi 32 años del episodio, el histórico dirigente blanco explicó por qué no bebió de aquel vino blanco -que contenía un poderoso veneno conocido comercialmente como “Fosdrin”-: “ninguna persona toma una bebida que no sabe de dónde viene. Ese vino llegó de incógnito y con un mensaje político en plena dictadura, no había que ser muy astuto para darse cuenta que era un atentado político”.

Lacalle tampoco tomó del vino -según cuenta- por recomendación de su esposa, Julia Pou, quien tuvo un “presentimiento” e impidió que lo haga.

Carlos Julio Pereyra sigue convencido que detrás de la maniobra estuvo la dictadura (1973-1985). “Yo digo que venía de fuerzas que respaldaban a la dictadura, naturalmente que eran de ultra derecha”, insiste.

(Observa)

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