El gabinete que diseñó Vázquez fue previsto por el presidente para evitar que las diferencias a la interna del oficialismo le trancaran la gestión. Eligió a ministros de su confianza y no tomó al pie de la letra la cuota política como factor para asignar los cargos. A diferencia de su primer gobierno, en el que los debates se laudaban en el Consejo de Ministros con los cabezas de lista de cada sector, ahora la pelea tendrá que ser sí o sí en el Parlamento.
Simplificando mucho, en el Frente Amplio hay dos vertientes. Una, la más grande en términos electorales, tiene como sector principal al Movimiento de Participación Popular (MPP) con José Mujica como líder. Previo a las elecciones lograron conformar el mal llamado Grupo de los 8. Si bien ese grupo se desmembró, hoy –a nivel legislativo y de cara al armado del Presupuesto– el MPP coordina acciones con Compromiso Frenteamplista de Raúl Sendic y con el Partido Comunista. Del otro lado está el astorismo, integrado básicamente por el Frente Líber Seregni (FLS).
Hay otros dos grupos con representación parlamentaria. Uno es Casa Grande, liderado por Constanza Moreira, con una visión más cercana al Grupo de los 8 que al FLS. Por otra parte está el Partido Socialista (PS), que es el caso más difícil de encasillar. La complicada interna que tienen lleva a que algunos de sus dirigentes y legisladores (sobre todo los de Montevideo) sean más cercanos al Grupo de los 8, pese a que electoralmente los socialistas han jugado en el último tiempo pegados al astorismo porque su dirigencia nacional es más afín al grupo del ministro de Economía.
Un "gobierno bicéfalo" con Astori prometió Mujica en 2009 para su administración. Eso no sucedió. Sin embargo, el cogobierno con el líder del FLS sí lo está aplicando Vázquez. El poder de Astori ya es más que el de un "superministro". Se parece al de un copresidente. Cada una de las peleas que ha dado en estos meses de gobierno las ganó: pautas salariales, ANTEL Arena, recortes a las inversiones de las empresas públicas y seguir en la discusión por el TISA. En el gabinete, además, no ha encontrado resistencias fuertes. Ni siquiera por el Presupuesto. Todas han venido desde afuera.
Pero ahora no tendrá más remedio que convencer, negociar o dar algo a cambio en la catarata de reclamos que preparan los mujiquistas para el Presupuesto.
Cómo jugará Sendic en este debate es uno de los asuntos más importantes a despejar. Pese a que su sector está claramente alineado con el mujiquismo, él no se ha mostrado públicamente tan alineado al MPP. Sus legisladores salieron a cuestionar duramente el TISA, pero el vice evitó pronunciarse acerca de un asunto estratégico para el gobierno.
El semanario Búsqueda informó de un asado entre Mujica y Sendic, que fue una forma de acercamiento luego de meses distanciados, pero también de planificación política a futuro. Desde la campaña, Sendic se mostró muy cercano a Vázquez, pero avanzar en ese camino puede alejarlo. El Presupuesto quinquenal y cómo calmar las tensas aguas de la izquierda también serán un desafío para Sendic desde el Parlamento.