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Superar la gira Metamorfosis fue un gran desafío para Ricardo Arjona. Sus dos shows en el estadio Charrúa en 2012 dejaron demasiado presente el recuerdo en el público. Con un escenario rotativo y cuatro escenografías diferentes, propuso un show ambicioso desde el punto de vista visual y acompañado de sus hits infalibles. No había como errarle y no lo hizo.

Dos años después volvió con Viaje, la gira que acompaña su último disco. Con la consigna “una historia en cada canción”, repasó durante casi dos horas un setlist similar al que hizo en 2012, con la introducción de canciones del disco Viaje.

Sin embargo, al público pareció no importarle la repetición. Tampoco las luces de alta calidad, ni el metraje de las pantallas led, ni las piezas móviles del escenario. Si está Arjona, si suena su voz, alcanza.

Ya cuando se pasaba un minuto de las 21 la ansiedad entre el público arrancaba gritos aislados. Para aminorar los ánimos se mostró un video filmado en Montevideo donde el protagonista, una valija, recorría la Ciudad Vieja y la rambla al ritmo de Lo poco que tengo.

El viaje en tren fue el leitmotiv de todo el show. El escenario, ahora cubierto por completo de pantallas led que escondían un segundo piso, mostraban una estación antigua, o diferentes historias personales que acompañaban al motivo de la canción.

A lo largo del show contó con dos vagones de tren que a tracción a sangre se movilizaban por el escenario. La utilería móvil también incluyó una cama y un pequeño taxi.

A la luna en bicicleta fue el tema que abrió el show ya pasadas la hora 21.40. Su voz sonaba pero su imagen recién apareció ante los ojos del público casi sobre el estribillo. Y al igual que el año pasado, con las emociones acelerando, empezaron las peleas. Las que se paraban en las sillas con sus celulares en alto eran el blanco de aquellos que querían quedarse sentados. “Apreciá el concierto, no filmes”, se gritó. Insultos volaron y, según se comentó entre las filas, algún golpe también.

Eso no importó. Las que filmaban cada segundo no pretendían perderse un tema ni perdían la oportunidad de sacarse alguna selfie con la pantalla gigante. Arjona estaba ahí, dedicándoles sus canciones y había que marcar presencia.

Los coros, gritos y piropos se mantuvieron a lo largo del show, alcanzando decibeles aun más altos con temas como El problema, Dime que no y toda alusión al sexo a lo largo de cualquier canción.

Sus parlamentos al público eran ensayados aunque confusos, pero prometió repetir el show “cuantas veces sea necesario”, si la audiencia quedaba disconforme. Ovación asegurada.

Su salida del guion fue anticipada: “Vamos a desordenar un poco las cosas”, afirmó antes de interpretar Soldado raso, un pedido que, según contó, le hicieron ni bien llegó al país.

Con la dupla Historia de taxi y Señora de las cuatro décadas, Arjona apeló al fanatismo de sus chicas. Como ya es rutina, para su máximo hit llamó esta vez a dos fanáticas al escenario, que terminaron siendo tres.

El resto del show continuó con los seguros Pingüinos en la cama, Te conozco y la reciente Fuiste tú. Pero el final no podía ser otro que con el combo Minutos y Mujeres, dos canciones parecidas pero eso tampoco importó. Arjona estaba ahí, cantando con voz segura y seductora. Y quedó la grabación para recordarlo.

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