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Por Béatrice Debut. Los cascos azules de la ONU son acusados de impotencia en la guerra que se libra en el este de la República Democrática del Congo (RDC) y en la defensa de la población civil, lo que es atribuido por los analistas a la falta de medios humanos y logísticos.

La semana pasada, y también ante los ojos de los cascos azules, se cometieron en Kiwanja "crímenes de guerra", según Alan Doss, jefe de la misión de Naciones Unidas en la RDC (MONUC), que tiene en esa localidad una base con unos 140 hombres.

Por eso, ante lo sucedido en Kiwanja, la ONU hizo un "mea culpa" y reconoció que habría tenido que proteger a los civiles, según el jefe de las misiones de paz de Naciones Unidas, Alain Le Roy.

Su objetivo es evitar que se repita lo sucedido en 2004, cuando los hombres de Nkunda se apoderaron brevemente de Bukavu, en la provincia de Kivu Sur (limítrofe con Ruanda, Burundi y Tanzania), pese a que allí había desplegados 600 cascos azules.

Estas y otras críticas recurrentes se transformaron en auténtico malestar en los altos mandos de la MONUC y provocaron la dimisión de su comandante, el español Vicente Díaz de Villegas, a finales de octubre, en el peor momento de los enfrentamientos entre ejército congoleño y rebeldes.

La MONUC lleva desplegada en la RDC desde 2001 y está considerada como la misión de paz de la ONU más importante en el mundo con sus 17.000 soldados, de los que 1.300 son uruguayos.

Pese a esa amplitud, hay que tener presente que actúa en un país tan grande "como el territorio que va desde Portugal a Rusia", subrayó Pierre-Antoine Braud, cofundador de la ONG Bridging International.

No obstante, más que soldados suplementarios, la MONUC necesita "mejores medios" de información (imágenes de satélite y aviones sin piloto) para conocer los movimientos de los rebeldes, estimó Xavier Zeebroek, del Grupo de Investigación e Información sobre la Paz y la Seguridad (GRIP) en Bruselas.

"Los rebeldes la acusan de luchar en su contra y el ejército de no luchar lo suficiente a su lado. Y la población de que no la protege. Resultado: ¡nadie confía en ella!", resumió Zeebroek.

En todo caso, "sin la MONUC, la situación sería mucho más grave" en la RDC, insistió esta fuente al recordar uno de sus éxitos: la celebración pacífica, en 2006, de las primeras elecciones libres en el país africano desde 1965.

Los hutus radicales se refugiaron en la RDC después del genocidio que dirigieron contra los tutsis y hutus moderados, que cobró unos 800.000 muertos, cuando gobernaban Ruanda en 1994.

Más de 3,5 millones de personas murieron en esa guerra, según algunas estimaciones.

(AFP)

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