La inflación, la advertencia que el gobierno no escuchó
El desvío inflacionario ata las manos del gobierno para implementar políticas expansivas de la actividad
Nadie puede decir que el actual dilema que atraviesa la economía uruguaya no había sido advertido. Si los economistas privados llamaban la atención una y otra vez por los problemas de inflación locales en los últimos meses, no era porque un alza de precios de entre 7% y 9% no sea sostenible, sino porque genera tensiones sobre los instrumentos de política monetaria que en un contexto como el actual, deberían estar a disposición del combate en otros frentes.
Cuando la economía uruguaya registraba tasas de crecimiento de 8,9% interanual y los principales socios comerciales del país eran mercados pujantes que impulsaban la actividad local a pesar de la crisis en el mundo desarrollado, una inflación del orden de 8% no parecía ser un problema mayúsculo.
Mientras que la actividad local no fuera un foco de preocupación y Uruguay mantuviera con Brasil un tipo de cambio favorable, habría margen para que el gobierno incentivara una reducción de las presiones internas sobre el nivel de precios. Por el lado fiscal, una reducción del gasto habría sido una contribución fundamental, apoyada desde luego por una visión más contractiva de la política monetaria. Dado el fuerte crecimiento de los salarios en los últimos años, también se podría haber esperado pautas salariales más firmes, que redujeran el crecimiento del salario real.
Sin embargo, no fue eso lo que sucedió. La política fiscal y las pautas salariales no se dieron por enteradas de su rol en el control inflacionario y el peso de moderar las presiones internas recayó por completo sobre la política monetaria.
El Banco Central aumentó sus tasas de referencia y apeló a instrumentos heterodoxos como los encajes marginales, para cumplir por sí solo el deber de la política económica como un todo.
En retrospectiva, hizo lo que pudo. Hoy la inflación se encuentra en niveles de 7,5% solo por factores coyunturales, para el cierre del año se espera que trepe nuevamente a 8%. Las baterías del Central concentradas en moderar el alza de precios desatendieron la evolución del tipo de cambio e impidió que Uruguay acompañara a Brasil en su afán por proteger en el frente cambiario a la producción doméstica.
Mientras que todos los países en la región reducen sus tasas de referencia, Uruguay debe mantenerlas para no comprometer el sistema de precios. Tanto Brasil como Uruguay enfrentan una importante desaceleración de sus economías. Es probable que esté cerca el día en que el país deberá apelar a los instrumentos de política económica para incentivar la actividad y volver a encender los motores del crecimiento. Pero cuando eso suceda, las autoridades se encontrarán con las manos atadas por el déficit y la inflación.