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Los partidos brasileños de izquierda lanzaron este martes un "manifiesto de unidad", pensando en una eventual alianza para las elecciones de octubre, tras la debacle del Partido de los Trabajadores (PT) y el incierto futuro del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva.

"La idea es aproximar los programas partidarios de la izquierda para poder tener una unidad de acción si no es en la primera vuelta, en la segunda", dijo a la AFP el diputado del PT Carlos Zarattini poco antes del inicio del evento.

En una sala de la Cámara de Diputados abarrotada de militantes, dirigentes y diputados -y también con algunas ausencias notables de ese espacio político- los oradores atacaron al gobierno del presidente conservador Michel Temer y a su programa de ajustes y baja intervención del Estado en la economía.

El texto entregado propone "librar a Brasil del régimen ultraliberal, autoritario, en contra del pueblo y de la nación, que viene siendo impuesto por el gobierno Temer y por los partidos conservadores y las grandes fuerzas económicas internas y externas que lo apoyan".

El texto carece de menciones explícitas a Lula, a diferencia de los discursos tapizados de reivindicaciones del exmandatario (2003-2010).

En cambio, exige "la defensa de la soberanía nacional y del patrimonio de Brasil contra las privatizaciones criminales, en especial de Petrobras y de la riqueza del presal", en referencia a las grandes reservas ultramarinas de crudo que hasta hace poco hegemonizaba la petrolera estatal.

"Este es un acto más que nada de unidad política", dijo Juliano Medeiros, presidente del Partido Socialismo y Libertad (PSOL).

La izquierda brasileña entró en crisis en 2016, cuando el Congreso destituyó a la mandataria Dilma Rousseff (2011-2016) por manipular las cuentas públicas, un juicio político que cortó un periodo de más de 13 años de poder del PT, seguido por una abrumadora derrota en las elecciones municipales ese mismo año.

Los problemas de ese espacio político se agudizaron con las acusaciones de corrupción contra Lula, que al dejar el poder era el mandatario más popular de la historia reciente de Brasil.

Condenado a más de 12 años de cárcel por corrupción y con su postulación tan amenazada como su libertad, el caso Lula llevó al PT a dar las primeras señales en pos de una candidatura alternativa a la del hombre que lidera la intención de voto para octubre.
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