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Leyendo libros y pensando en mi propia agenda, me doy cuenta de lo poco productiva que es la jornada de ocho horas al día. En una sociedad y un mercado tecnológico donde cada vez la mano de obra es más especializada y los trabajos no son mecánicos y sí creativos, el tradicional ocho horas de trabajo, ocho de ocio y ocho de sueño ya no tiene sentido.

Si quiero un programador que resuelva problemas de forma creativa, que encuentre mejores formas de hacer las cosas y que se mantenga actualizado, necesito darle más tiempo.

Si necesito un diseñador con buenas ideas, con inspiración, con dedicación, no puedo tenerlo encerrado ocho horas entre cuatro paredes. Es un artista… necesita tiempo, ver el mundo que lo rodea para trabajar mejor.

Cuando comencé a trabajar dedicado 100% a mi nuevo emprendimiento, me di cuenta que no había forma de que trabajara ocho horas de corrido. No tenía sentido, no era productivo la mitad del tiempo, y muchas veces resolvía los problemas complicados en pocas horas luego de descansar y dedicarme a otras tareas que requerían menos esfuerzo.

Dos ideas que aparecen por allí cuando se investiga del tema son:
-40 horas semanales pero repartidas en cuatro días de 10 horas cada uno.
-20 horas semanales (4 horas por día) de pura productividad.
Cada una tiene sus ventajas y puntos en contra. Desde los años 80 diferentes movimientos en el mundo (especialmente Francia y otras partes de Europa) quieren reducir la jornada laboral de una u otra forma. Personalmente estoy seguro de algo: las ocho horas por día no me convencen para la llamada “industria del conocimiento”, y ya que Uruguay se está convirtiendo en el beta tester de moda, propongo que desde la CUTI o alguna otra organización se estudie el tema.

La persona promedio trata de estar ocupada haciendo mil cosas sin a menudo un propósito claro (el famoso “multitasking”); eso se traduce en una pérdida de tiempo por no tener los objetivos (metas) bien definidos. Por ahora en mi emprendimiento estoy experimentando la jornada basada en tareas.

Es bastante simple aunque lleva su dedicación: básicamente tengo una (gran) lista de cosas que hay que hacer catalogadas por el tiempo y esfuerzo que se necesitan para completarlas (por ejemplo cosas que puedo hacer en menos de 20 minutos, cosas que pueden demorar hasta dos horas y tareas de más tiempo). Además hay algunas tareas separadas en las que tengo que estar concentrado al máximo y otras como hacer llamadas o buscar información, que no requieren tanta atención. Luego depende de cómo esta el día, mi humor y el entorno voy tomando las tareas y cumpliendolas. Cuando terminó al menos dos largas y dos cortas, doy por terminada la jornada y me voy a casa... Si en casa todos se van a dormir temprano, tomó alguna tarea acorde al sueño que tenga y la termino.

Un punto evidente pero importante: hay tareas que requieren mucho más tiempo (días, semanas...): hay que dividirlas en pequeñas, nunca te pongas una tarea que no puedas dar por finalizada ese mismo día.
Un consejo: lean La semana laboral de cuatro horas de Timothy Ferriss, activista educacional y emprendedor estadounidense.

* Director en UNO WiFi
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