La maestra asesinada en la fábrica de pastas y una sociedad condenada
Todo merece condena en medio de un ambiente cada vez más intolerante
Si una madre le pega un cachetazo a una maestra, el gremio de docentes hace paro. Si una maestra es asesinada en una fábrica de pastas, no pasa nada. Aunque pueda parecer absurdo, el planteo tiene que ver con qué entiende la sociedad, en este caso puntual los gremios docentes, pero el asunto nos interpela a todos, sobre qué violencia debe ser condenada con acciones y cuál no.
Si alguien atribuye intencionalidades políticas a una marcha por los derechos humanos durante la dictadura, es un facho que no entiende el dolor ajeno. Pero está bien calificar, a su vez, de fachos a quienes hacen una marcha como reacción a los asesinatos de familiares ocurridos en democracia. No soy partidario de las marchas por seguridad, pero me cuidaría mucho en estos momentos de señalar con el dedo a quienes honestamente reaccionan porque tienen miedo, porque la que estuvo en esa fábrica de pastas en ese momento indebido pudo ser tu madre, tu hermana, tu hija.
Por un lado se condena el no te metás y si te metés y denunciás te condenan porque sos un buchón. También se condena a quienes piden cuidado, a quienes reclaman que no haya héroes anónimos, a quienes apelan al criterio de que si estás en un comercio con otra gente y hay una rapiña, como pasó en la fábrica de pastas con un policía retirado, no reacciones porque eso lo puede terminar pagando otra persona. Una cosa es el no te metás, otra es no entender que la mayoría de las muertes en rapiña ocurren cuando hay resistencia. Pero si decís esto te condenan por ser un pro chorro.
Condena por marchar, condena por no marchar, condena por meterte, condena por el no te metás, condena si el que viola los derechos humanos es otro, condena si pedís que condenen al compañero del PIT que viola los derechos humanos, condena si condenás de la misma forma a un asesino que a un traidor.
Y toda esta intolerancia que se vive en esta sociedad fallida, donde los centros de estudios llevan una semana baldíos, ocurre de este lado de la línea, entre quienes acceden a los medios, entre los "integrados". Imagine la intolerancia que hay del otro lado de la línea. Tirar dos balazos contra un comercio es casi un trámite. La intolerancia se está transformando en la norma a uno y otro lado de la grieta y con ella nos estamos condenando todos.