En alto acantilado de piedra granítica que a la hora del atardecer refulge en tonos salmón. Allá abajo las olas cierran la mitad superior de la imagen como un telón azul profundo, una cortina que con los golpes de las olas contra las rocas tuviera terminaciones blancas de espuma. En el medio entre esos dos lienzos de colores casi complementarios hay miles de lobos marinos. Unos 200.000 aproximadamente, que chillan y gritan en su propio idioma, en la colonia más grande del mundo de esta especie. La cámara, en una grúa aérea, hace un paneo y entonces a lo lejos sobre el horizonte, a través del vaho salino y grisáceo que levanta el viento del Atlántico, se ve el skyline de Punta del Este compuesto del perfil de los edificios y las torres alrededor de la península.
La mirada de un niño en el gesto de un lobo
El documental de Guillermo Kloetzer es por ahora la gran sorpresa de 2014: logra mostrar un ambiente nuevo y situaciones nunca filmadas con gran narrativa y solvencia formal.