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Según Sigmund Freud, hay que matarlos. Claro, metafóricamente. Y cuanto antes mejor. Pero lo cierto es que cuando la relación entre un padre y un hijo es buena, en el campo de la relación artística los resultados son disfrutables, dignos de aplauso.

En estos casos, los padres legan sensibilidad y formas de ver y aprehender el mundo, y los hijos encuentran desde el hogar, bajo el ala, una plataforma para despegar hacia el mismo cielo paterno o hacia otros iguales de atractivos.

En este Día del Padre, El Observador exploró algunas relaciones entre padres e hijos e hijas en el mundo de la creatividad artística.

Existen diversos tipos de paternidad. Está la sanguínea, la que puede probar una prueba de ADN, la que no admite dudas científicas.

Pero hay otras que van más allá. Hay quienes la ven en la influencia en diferentes campos de la vida. En el mundo de la creación artística esto es muy notorio.

Pero dentro de ese mismo mundo de creatividad, la relación se vuelve mucho más fuerte y condicionante cuando efectivamente ambos lazos entre padres e hijos sanguíneos coinciden.

Así, son varios los pasos en que los padres artistas influyeron de manera positiva en las carreras de sus hijos e hijas artistas, en caminos que siguieron sus pasos o que los determinaron.

En algunos casos, la admiración y la referencia son directas. Anjelica Huston comenzó sus primeros pasos en el mundo del cine como una nena que asistía a los sets donde su padre John filmaba

Caso similar es el de Geraldine, hija del célebre director y comediante Charles Chaplin; y una de las esposas de éste, Oona O’Neill, hija a su vez del dramaturgo Eugene O’Neill. Salvando las distancias entre director y actor, lo mismo se podría decir de los actores John Voight y Angelina Jollie, que son padre e hija.

También en la literatura también hay ejemplos al respecto. El novelista inglés Kingsley Amis fue el padre del novelista inglés Martin Amis, así como los Dumas se pasaron el legado de la escritura de padre a hijo.

Desde la época de Johann Sebastian Bach los genes musicales se transmiten de forma directa entre las generaciones, pero basta destacar en la música pop algunos ejemplos más quie notorios, como Bob Dylan y Jakob Dylan o como Luis Alberto Spinetta y su hijo Dante.

En otros casos, el ejemplo paterno es la puerta de entrada al mundo del arte y a otras formas de creación. Por ejemplo, Pierre-Auguste Renoir, el famoso pintor francés, tuvo en su segundo hijo a un gran director de cine como Jean Renoir. Stella, la hija del beatle Paul McCartney, canalizó la creatividad de su hogar musicalizado hacia el mundo de la alta costura. En paralelo, el gran pintor Pablo Picasso influyó en su hija, Paloma, para que se dedicara a la moda y a la cosmética.

También están los casos, ¡cómo soslayarlos!, donde incluso ante la indiferencia paterna, el hijo hace su camino en el mismo campo de expresión que su negador padre. Este es el caso de John Lennon, que tuvo dos hijos varones y en los dos influyó lo suficiente como para que los dos siguieran sus pasos. Tanto su hijo inglés, Julian, a quien Lennon abandonó cuando este era solo un niño, como su hijo neoyorquino, Sean, a quien crió hasta su espantoso asesinato, continuaron el legado de la música y en ambos casos el tono vocal es innegablemente paterno.

A nivel nacional, la pasión por la pintura pasó desde las manos de Joaquín Torres García a las de sus hijos, Augusto y Horacio. La fuerza y talento vocal y musical fueron el legado de Rubén Rada y Hugo Fattoruso a sus hijos Julieta y Francisco. Y hay más ejemplos.

Father and son, la famosa canción de Cat Stevens resume bajo una hermosa melodía de guitarra la esencia de una relación que siempre tiene dos partes: el hijo debe irse y dejar atrás al padre, pero en esa ida (a veces es con un abrazo y un beso, a veces es con un cachetazo, a veces en la quietud de la noche, otras con una despedida especial) el hijo no se va con la mochila vacía. Nunca.

Los hijos aquí citados continúan en el tiempo, a su manera y a su modo, lo que sus padres alguna vez hicieron. Incluso aunque se revelen es inevitable que, de refilón, se reconozcan los genes en el reflejo menos pensado.

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