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Cuando vino la época de sembrar trigo, cebada y colza, al comienzo del otoño, los cultivos de invierno eran la cenicienta del menú agrícola. Venían de un año Niño, muy lluvioso, y consecuentemente los problemas de rendimiento –y especialmente– de calidad habían sido graves. El trigo y la cebada miraban desde relativamente lejos la revolución del consumo de China y de los biocombustibles que incendiaban los mercados del maíz y la soja.

Las perspectivas de precios era por lo tanto apenas moderada y además estaba el nuevo trabajo de preparar un plan de uso de suelos. Parecía que el área caería fuerte en todos los casos. Bajó el área de cebada, el cultivo más castigado por el clima y con exigencias más específicas de calidad y que por definición no suele alcanzar el precio del trigo.

Pero el principal cereal de invierno –el trigo– tras algunas dudas logró un área interesante. Aunque todavía no hay datos oficiales, puede haber un área de 500 mil hectáreas que podrían generar una producción de algo más de 1,6 millones de toneladas y dejar más de un millón de toneladas exportables.

Por varias razones esta campaña de trigo es la más importante de los últimos tiempos. En primer lugar porque el precio de los granos ha cambiado de tendencia. Pasó la cresta de la ola, que fue especialmente elevada para la soja y el maíz. Luego de una grave sequía el año pasado viene una cosecha récord de Estados Unidos que se empezará a levantar en menos de un mes.

Y la agricultura uruguaya tendrá que adaptarse a esta nueva etapa. Ya avanzando agosto, la cosecha récord de maíz y soja de Estados Unidos es un hecho, aunque afortundamente no será tan gigantesca como se esperaba un mes atrás.

Pero en trigo –y también en arroz– la producción de Estados Unidos no crece. Un dato importante de la nueva realidad. Porque el cultivo de invierno puede dar una agradable sorpresa a quienes lo plantaron.
La sorpresa que puede dar el trigo se basa tanto en su posible rendimiento como en su calidad y precio. Porque en las chacras, el trigo y la cebada vienen en general en muy buen estado.

A diferencia de 2012, cuando El Niño generó exceso de lluvias y ataques de hongos, este año frío pero relativamente soleado y seco viene jugando a favor del cultivo.

De modo que el pasaje de la agricultura de altos precios a la de “precios tibios” puede hacerse a través de una transición suave, en caso de que se concrete una cosecha de buen rendimiento y, sobre todo, de buena calidad.

Esto por ahora va bien encaminado en las chacras. Y tendría potencialmente un alto impacto comercial. Porque los fríos que han favorecido a Uruguay han dañado gravemente los cultivos de Paraguay y Brasil.
En Argentina habrá una recuperación del área. El intervencionismo estatal empujó en 2012 a los productores a cualquier alternativa al reguladísimo trigo. Desde los garbanzos a la cebada. Pero justamente este cultivo más sensible aún que el trigo al exceso de agua tuvo un muy mal resultado. Aun con la misma disconformidad respecto a las regulaciones, los agricultores argentinos prefirieron volver al trigo. Pero el aumento de área será leve, de 7%, es decir, de 3,5 a 3,8 millones de hectáreas.

No es un gran aumento, pero si el rendimiento mejora Argentina puede reabastecerse y volver como país exportador.

Pero una cosa es el dato frío de producción superior al consumo y otra que los productores estén dispuestos a vender. Con estas reglas de juego, un importador brasileño no puede estar seguro del abastecimiento que obtenga de Argentina.

¿El gobierno dará los certificados de exportación? ¿Los productores preferirán preservar el grano a venderlo al dólar oficial? El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por su sigla en inglés) esperaba hasta julio que el país vecino pasara de 11 millones a 13 millones de toneladas de producción.

Pero en su informe de agosto recortó su pronóstico a solo 12 millones de toneladas. Dicho de otro modo, la oferta de Argentina no será suficiente para cubrir las necesidades de Brasil y la región será deficitaria.
Si Uruguay logra una buena cosecha, puede consolidar relaciones comerciales con la industria molinera brasileña que pueden volverse perdurables. Tampoco Paraguay –emergente exportador– podrá proveer el trigo que Brasil necesitará.

Todavía falta mucho. Podría venir una helada tardía también aquí o una primavera muy lluviosa que complique los cultivos. Pero con clima normal hay una gran oportunidad dada.

El stock mundial de trigo no crece. Tampoco el stock de Estados Unidos. La cosecha de Europa fue abundante, pero no tiene una gran calidad. La mayoría de los países árabes siguen en su ciclón político. Los gobiernos querrán estar bien provistos de trigo.

Hay empresas argentinas apostando a aumentar su presencia en el mercado molinero uruguayo. La posibilidad de volverse abastecedores relevantes y confiables es única y está siendo vista desde afuera.

El lunes pasado, el informe del USDA recortó la producción prevista en Brasil y Paraguay. Y volverá a hacerlo dado el gradualismo que maneja el organismo estadounidense para modificar proyecciones.

Todo eso no evitará que ajusten los márgenes agrícolas globales durante la zafra 2013/2014. Pero puede demorar ese proceso de ajuste. La salida de El Tejar de muchas hectáreas arrendadas no generó cambios significativos en el mercado de tierras.

Hubo empresas nacionales dispuestas a ocupar esas áreas sin cambios significativos de precios. La suba del dólar puede ir más lejos de lo que pronostican los economistas del Banco Central y amortiguar la baja de precios internacionales.

El trigo puede ir de menos a más y tener un final dorado que ayude a la adaptación de toda la agricultura a un entorno de precios más bajos que los de 2011 y 2012.

Cruzar los 700 millones de toneladas

Por primera vez la humanidad cosechará más de 700 millones de toneladas de trigo a nivel mundial en la actual zafra. En la campaña de 1984/1985 fue posible por primera vez superar los 500 millones de toneladas y en la de 1997/1998 se superaron por primera vez los 600 millones de toneladas.

Cada vez cuesta más agregar toneladas a la producción global. Y la producción prevista para este año no será suficiente. Las 705 millones de toneladas esperadas entre la actual cosecha del hemisferio norte y la que vendrá en el hemisferio sur sobre el final del año no podrán impedir que el stock mundial del cereal caiga de 174 millones a 173 millones de toneladas.

Pero es un descenso importante porque sigue a otros de años anteriores. Había 200 millones de toneladas en 2011/2012, con lo que las reservas mundiales quedan en el menor nivel desde la crisis de altos precios de 2008/2009.

Pero el sustento, más que del exterior, vendrá de la región, allí donde Uruguay está en condiciones de posicionarse como proveedor de calidad y confiable, y de esa forma lograr que los cultivos de invierno dejen un margen que aunque no sea exuberante pueda sumar a una ecuación agrícola que será globalmente más ajustada.
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