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Hay una parte del título del nuevo libro de César Bianchi que define gran parte de lo que el periodista se encontró en el proceso de realización. Es que A lo Peñarol. La pasión nunca pierde está más cerca del costado de la mitología de un club popular que pertenece a los hinchas y al efecto de un club en la sociedad en sí, que al trillado debate de la “edad real”, los títulos, ránkings internacionales y estadísticas de campeonatos ganados, todos reavivados en estos últimos días.

“La pasión nunca pierde”, —una idea que va en sintonía con la película Manyas, de estreno próximo en salas locales— es el concepto que el periodista se encontró durante la recopilación de los doce testimonios que dan forma a este libro, que será presentado esteviernes en el Palacio Peñarol.


El recorrido abarca once testimonios que van desde el ex presidente Julio María Sanguinetti y el actual ministro de Defensa, Eleuterio Fernández Huidobro, hasta “El chapa” y “El tuerto feo”, dos fanáticos vinculados a la barra brava del club. Y todos ellos exceden el resultadismo y la estadística para estar guardados en el orgullo del sentimiento de pertenencia, en la tradición familiar o en cosas más primitivas como la simple atracción por unos colores. Son testimonios que no pretenden más que llegar a la raíz de un sentimiento por un club, seguramente aplicable a muchos otros pero desde la perspectiva de quienes están convencidos de que su religión futbolera es la mejor y más importante. Es decir, lo que alimenta que el fútbol sea ese imán de pasiones y el canalizador de tantas emociones tan difíciles de liberar en lugares que no son una cancha de fútbol.

Bianchi confiesa que el proceso, que tomó aproximadamente cinco meses, le permitió cambiar su propia visión sobre el fanatismo. “Yo creía que era fanático de Peñarol, pero me di cuenta de que no soy nada al lado de gente que se ha separado de su pareja por invertir mucho tiempo en Peñarol, por gente que tiene un santuario lleno de camisetas del club y hasta un ‘alfajor de Peñarol’ del año 98 sin abrir... hay cosas que uno no se imagina hasta que las ve”, comenta.
Todas las historias del libro se van uniendo, dice Bianchi. Las de los hinchas, vinculados por ejemplo por la confección de las banderas aunque sin conocerse cara a cara, o con amistades entre Europa y Estados Unidos.

Y las de los jugadores también: el arquero del famoso “clásico de la fuga” de 1949 en el que marcó Alcides Ghiggia, fue bisabuelo de Jim Morrison Varela, actual jugador de inferiores del club. O el legendario Omar Caetano, quien descubrió para Peñarol a un chico de 11 años, Antonio Pacheco, quien también aparece en el libro desde la distancia del Montevideo Wanderers, el equipo en el que hoy juega.

En definitiva, que A lo Peñarol. La pasión nunca muere es un testimonio de los que faltaba, dentro de un club reconocido varias veces no solo por sus trofeos sino también por la pasión de los hinchas, que son quienes viven su historia siendo protagonistas como un todo fundamental que vuelve al fútbol algo más que un simple juego de pelota.
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