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Hace 28 días, todo Uruguay quedó en vilo cuando se difundió la noticia menos esperada: Luis Suárez se había lesionado la rodilla y debía ser operado, poniendo en duda su participación en el torneo. Los siguientes días fueron de especulación contínua: que llega, que no llega, que se va a cuidar, que no va a poder jugar… con cada entrenamiento, Suárez mostraba signos de recuperación, y la expectativa crecía. Si empezaba a trabajar con pelota, o si empezaba a hacer fútbol se festejaba como un gol.

Y así llegó a Brasil. El partido ante Costa Rica mostró una versión pobre de Uruguay dentro de la cancha, mientras fuera de ella Suárez se veía nervioso. Tabárez decidió jugarse todo y utilizarlo contra Inglaterra, y la estrella respondió. Dos goles que le dan el triunfo a la celeste y que lo mantienen con vida en el Grupo D del mundial.

Así, Suárez concreta su resurrección ante el mundo del fútbol, que lo marcó como villano desde su mano contra Ghana en 2010, y que lo castigó con cada escándalo que generaba en la Premier League inglesa. Hoy, Suárez fue el salvador de Uruguay y, como él mismo lo dijo, acalló todas las críticas que había recibido en los últimos tiempos.

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