Mientras aún ni nos hemos acostumbrado a usar los DEP (Diferencia Esperada de Progenie), ya aparecieron las mediciones genómicas que vienen a mejorar de una manera insospechada las evaluaciones genéticas.
Mientras aún ni nos hemos acostumbrado a usar los DEP (Diferencia Esperada de Progenie), ya aparecieron las mediciones genómicas que vienen a mejorar de una manera insospechada las evaluaciones genéticas.
Veamos el tema con detenimiento: los DEP tradicionales son indicadores que se hacen a partir de datos físicos, como peso al nacer, peso a los 18 meses, circunferencia escrotal y altura, entre otros, de los hijos de un reproductor. Es decir, hay que esperar a medir sus hijos para poder entender el valor genético de un reproductor (macho o hembra).
Las mediciones genómicas se realizan a partir de una muestra de sangre (pelo), a partir de la cual se reconstruye el ADN de ese reproductor y se procesa de manera de reconocer la presencia –o no– de determinados atributos de valor comercial. Resultado: las mediciones genómicas permiten entender el valor genético de un reproductor ya a partir de su nacimiento. Algunos estudios realizados por la Asociación de Angus en Estados Unidos indican que la precisión de estos análisis genómicos es similar a la evaluación de 14 hijos, o sea, altísima.
Tanto en Estados Unidos, donde el sistema ya funciona, como en Argentina, donde aún está en fase de preparación, estas mediciones se incorporan a los DEP tradicionales, produciendo entonces lo que se ha denominado los DEP enriquecidos genómicamente.
No tengo duda que estas mediciones literalmente revolucionarán la ganadería, la lechería y todas las producciones animales, igual que ya ocurre con la genética agrícola. Pronto será más importante un análisis de sangre que una cucarda en una exposición.