Durante 12 días, que empezaron a correr el miércoles pasado con el tradicional corte de cintas en la apertura, todas las miradas están puestas en la Expo Prado.
Durante 12 días, que empezaron a correr el miércoles pasado con el tradicional corte de cintas en la apertura, todas las miradas están puestas en la Expo Prado.
Es que la muestra centenaria que organiza cada año la Asociación Rural del Uruguay conecta a productores y técnicos, empresas públicas y privadas vinculadas al agro, autoridades de gobierno y representantes de las gremiales ruralistas, con el gran público de la capital.
Se estima que cada año visitan la muestra unas 500.000 personas, algo así como 10 estadios Centenario repletos en un día de clásico o que juegue la selección celeste.
A la gente del agro no le gusta que se diga que la muestra es la fiesta del campo en la ciudad porque lo que viene a mostrar el hombre de campo es el fruto de su trabajo. Por eso en esta 108a edición el eslogan es El campo visita la ciudad.
Para el hombre de la ciudad, el Prado es la oportunidad de acercarse a la producción del campo, a la maquinaria de última generación, insumos y servicios, y también compartir costumbres y tradiciones.
Sin embargo, para los que consideramos que Uruguay es un país ganadero, la cita del Prado es la gran oportunidad de ver la genética de punta, la que puede pasar desapercibida al ciudadano común o quedar en la imagen de un animal bonito.
Hace unos pocos días, durante la última jornada del ciclo Agro en Foco en Mercedes (ver páginas 8 y 9), el presidente de Agronegocios del Plata (ADP), Gustavo Grobocopatel, decía algo que se puede aplicar a la Expo Prado: “En los laboratorios hay una revolución oculta”.
El empresario argentino, considerado el zar de la soja, aunque a él no le gusta ese mote, aludió a las investigaciones en ciernes, al avance de la biotecnología, a las plantas que son verdaderas fábricas y que en poco tiempo darán sus frutos.
Grobocopatel recordó que la elaboración del genoma humano demandó cuatro años de trabajo intenso y el uso de 70 computadoras. Ahora, en cambio, se puede acceder en cuatro horas y con una sola máquina.
¿Cuál es la revolución oculta, al decir del presidente de ADP, que llega a la Expo Prado? Los avances de la genética animal, que comenzaron a exhibirse una década atrás con el desarrollo de los DEP (Diferencia Esperada de Progenie).
En la actualidad, la evaluación genética de los animales –vacunos y ovinos– es algo común. Así se pueden medir y conocer las cualidades de un animal a través del peso, el área de ojo de bife, la habilidad materna, la fertilidad, la circunferencia escrotal.
En ovinos, cada vez más razas se suman a las evaluaciones genética, según Diego Gimeno, experto del Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL).
El segundo paso fueron los marcadores genéticos o moleculares, un segmento de ADN con una ubicación identificable en un cromosoma y cuya herencia genética se puede rastrear. De esa manera se puede elegir una característica que interese reproducir en las nuevas generaciones.
Recientemente se puso en marcha un proyecto para mejorar la competitividad de la ganadería uruguaya a través del desarrollo de herramientas genómicas que mejoren la eficiencia de la alimentación y la calidad de la canal de la raza Hereford. En iguales condiciones de ambiente y alimentación, el animal que gana más peso es el más eficiente.
Es posible producir animales con determinadas características y carne con marca. Medir y seleccionar los animales por la genética es el camino que ha emprendido el mundo y Uruguay transita. Es parte de la revolución oculta de la que hablaba Grobocopatel y que llega al Prado.