La ruta que nos parió
Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario
Hubo un tiempo en que se decía que un flete desde el norte a Montevideo costaba lo mismo que desde este último a China. Bueno, hoy esto sería una imprecisión mayor: cuesta cuatro veces más. Mover las cosas dentro de nuestra casa se ha encarecido tremendamente. Preocupante sería si el asunto quedara ahí; alarmante es porque el costo interno de transporte se encarecerá mucho más en los próximos años.
Porque la oferta de carga venidera es enorme y el sistema de transporte sigue siendo predominantemente vial y no hay nada (concreto, que suene pero no a cháchara) que permita pensar lo contrario. La ruta transitable y buena que parió este Uruguay se desdibuja, se abisma, se desfonda.
Cito un trabajo publicado en el Anuario de Opypa 2013 titulado Procesos logísticos en las principales cadenas agropecuarias. Los autores analizaron y cuantificaron el movimiento de carga y su desempeño en el rubro de granos, forestal, carne vacuna y lácteos, y elaboraron dos escenarios a 2030, uno que le nombraron “tendencial” y otro, de mayor crecimiento, que le llamaron de “expansión moderada”.
En 2000, entre esos cuatro rubros relevantes, se trasportaban 6 millones de toneladas. Para 2011, esa cifra se había multiplicado por tres, alcanzando 18 millones de toneladas. El 43% de la carga lo ocupaba la madera, el 35% los granos, 13% lácteos, y la carne algo más del 10%. El mayor crecimiento entre 2000 y 2011 se dio en el aumento del volumen de madera, seguido por los granos y oleaginosas. Ambos multiplican su volumen por más de 2,5 veces.
Los autores luego actualizan los datos a 2013, asumiendo ya que el país le exporta rolos a la segunda planta de celulosa. El movimiento total asciende a casi 20 millones de toneladas. La mitad es madera.
Es decir, en suma, en Uruguay se transporta hoy 3,3 veces más en comparación con el 2000, o dicho con otros números, se agregaron en circulación unos 1.200 camiones más por día en las rutas.
Como sabemos, la inversión vial no ha acompañado ni cerca esta trayectoria. Por eso lo preocupante.
Ahora lo alarmante. Volviendo a citar el trabajo, el escenario de crecimiento “tendencial”, es decir promedio, sin grandes eventos, proyecta para las cuatro cadenas seleccionadas un aumento de 68% en el volumen de carga. El escenario expansivo (con más agricultura, una tercera planta de celulosa) llevaría a un incremento de 135% en la carga. Estamos hablando de que pasaríamos de transportar 20 millones a 33 o 46 millones de toneladas, respectivamente.
En mi opinión, el escenario “tendencial” es altamente factible, y creo que estaremos frisando las 30 millones de toneladas apenas pasado el 2020 (unas 5 o 6 millones de toneladas de yapa vienen con las cosechas de pino).
Y para colmo de todo esto, la presión en la red vial se dará en forma desigual, siendo mayor de la ruta 5 hacia el oeste. Habrá medio país que sufrirá aun más esto, y habrá localidades a las que se les hará insoportable. De ocurrir, el resultado total es previsible: costos en alza y precios menores al productor, operaciones ingobernables con picos de demanda y oferta, rutas congestionadas, accidentes, esperas en todos lados, dificultades para conseguir camioneros profesionales.
Y otra vez, costos (económicos, sociales y ambientales) en alza. Da pánico asumir ese escenario. Da vergüenza decirse país forestal o agrícola sin un sistema logístico eficiente y que no explote los medios ferroviarios o fluviales. Nos salvan las distancias de sábana suavemente ondulada del Uruguay. Nos condena la incapacidad para resolver temas como el ferrocarril, siendo una tecnología tan sencilla. Acaso olvidamos que los durmientes van en las vías, no en las oficinas.
En este marco, la competitividad nuestra seguirá siendo una bolsa de boxeo que le pegan por todos lados. Ojalá en las campañas electorales venideras veamos propuestas radicales (tanto como los cambios transcurridos y los que deberemos afrontar). Y por sobre todo, no olvidemos exigir los cumplimientos después.
¡La ruta que nos parió!