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Si fuera por lo que dicen las redes sociales o los gritos de la oposición, la gestión de Eduardo Bonomi al frente del Ministerio del Interior entraría en la historia como una de las peores. Pero al repasar los números y la estadística objetiva, se observa que hay matices. Por un lado, es cierto que durante el período de José Mujica (2010-2015) se invirtió como nunca antes en incorporar tecnología y equipamiento. También hubo un salto sin precedentes en el salario de los policías. Sin embargo, la estadística de delitos que afectan directamente a las personas ha subido casi sin pausa.

El robo con violencia, tal como define el Código Penal a la rapiña, no paró de crecer en los últimos cinco años. De hecho, ningún gobierno de la década de 1980 hasta hoy encontró la forma de frenarlo. Ni la dictadura (1973-1985) pudo. Hubo, de todos modos, momentos en este período en los cuales la gestión policial logró que las rapiñas subieran a menor ritmo, es decir, una desaceleración. Los hurtos, en tanto, bajaron desde 2005 a la fecha, aunque se mantienen en niveles elevados con respecto a la década del 90´. El presidente electo Tabaré Vázquez se comprometió en la campaña electoral a bajar 30% los hurtos y rapiñas, una meta que parece ambiciosa si se observan las cifras.

En cuanto a los homicidios se ha registrado un incremento, sobre todo a impulso de los llamados ajustes de cuentas. Se trata de los crímenes cometidos por y contra delincuentes, personas con antecedentes o vinculadas de alguna forma al mundillo del delito, sobre todo el narcotráfico. Según datos oficiales, 30,4% de los homicidios en el primer semestre de 2014 se produjeron entre delincuentes. Ello complica el trabajo de la Policía y la Justicia para dar con los responsables, ya que no suelen dejarse pistas y además los testigos no aportan datos.

A raíz de ese fenómeno, el año pasado se aclaró el 52% de los homicidios, una estadística que viene en descenso y se ubica en lugares para nada envidiados de la región y el mundo.

Para Bonomi, de todos modos, no todo es negativo.

La reestructura operativa a nivel policial y las inversiones le cambiaron la cara a la gestión. Si bien en la estadística de los delitos no se refleja el cambio a corto y mediano plazo, el cambio de rumbo es notorio y la nueva administración a cargo de Vázquez así lo entiende, razón por la cual mantiene a las autoridades en Interior.

La política carcelaria pudo encontrarle la vuelta a uno de los problemas más difíciles con los que se encontró Bonomi, en tanto que experiencias como la videovigilancia en barrios de Montevideo dio resultados muy buenos y rápidos.

“El asunto (de la seguridad) parece aún más difícil cuando comprobamos que la mejora de las condiciones generales de vida de los uruguayos no coincide con una reducción de los índices de criminalidad. El daño social que sufrió Uruguay por la crisis económica de 2002 ha influido de un modo persistente en las subjetividades de su población más vulnerable y, por tanto, el Ministerio del Interior ha emprendido una serie de medidas interinstitucionales para actuar de un modo integral sobre los problemas de seguridad ciudadana y convivencia”, escribió Bonomi en una publicación oficial sobre su gestión que el gobierno divulgó el año pasado.

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